Mes: octubre 2019

Eficiencia en el uso de la energía y algo más

Energía es la capacidad de realizar un Trabajo.

Un Trabajo –en Física- consiste en caminar, andar en bicicleta, levantar una caja o empujar un sillón.

Significa aplicar una Fuerza para mover algo una cierta distancia. (T = fuerza x  espacio)

Por ejemplo:

-caminar requiere de unas 270 kcal/hora de marcha,

-andar en bicicleta 400 kcal/hora de pedaleo,

-mover un automóvil chico 42.000 kcal/hora de viaje.

Se entiende que son valores aproximados, porque no todas las caminatas son iguales, ni los viajes en bicicleta, ni en automóvil (influye peso corporal, ritmo de marcha, clase de vehículo, superficie de la ruta, pendientes, etc.) pero a los fines del cálculo que quiero mostrarles esos datos son válidos.

-En una hora de caminata se avanza 5 km

-En una hora en bicicleta se avanza 20 km

-En una hora en automóvil se avanza 120 km

Y acá va la primer sorpresa, elaborada con los datos anteriores:

Caminando se consumen           270 kcal/5 km = 54 kcal/km

Andando en bicicleta                  400 kcal/ 20 km = 20 kcal/km

Conduciendo un automóvil       42.000 kcal/120 km = 350 kcal/km

El primer “motor” de la historia es el músculo, que se aplica para caminar y para mover la bicicleta, y es energéticamente MUY eficiente porque tiene millones de años de “desarrollo” realizado por nuestra amiga la Naturaleza.

El automóvil -si bien mas veloz y confortable- es energéticamente mucho menos eficiente a los fines de avanzar un kilómetro. Siete veces menos que una caminata (350/54) y 17 veces menos que si viajáramos en bicicleta (350/20).

A su vez la bicicleta, aplicando una simple tecnología pero sin cambiar el eficiente motor muscular, es dos veces y media mas eficiente que la caminata (54/20).

Ranking de eficiencia en el uso de la energía:

  • bicicleta
  • caminata
  • automóvil

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Gratis

En mis viajes llevo un portafolios con una PC y un teléfono celular.

Colgado en mi hombro estoy cargando:

– Oficina, con toda mi documentación, archivos, proyectos, etc

– Cámara de fotos

– Filmadora y proyector

– GPS

– Brújula

– Biblioteca

– Mapas de todo el mundo

– Agenda telefónica

– Secretaria que me recuerda los eventos

– Cuenta Bancaria

– Tarjetas de Crédito

– Correo de diversas categorías

– Profesor de idiomas

– Oficina Meteorológica

– Álbum de Fotos

– Cine

– TV

– Agencia de Noticias

– Juegos y oponentes con quién jugar

– Centro Musical

– Red de comercios

– Todo el conocimiento del mundo

– Etc., etc., etc.

Ah, me olvidaba,…también un teléfono y una computadora!!

Todo lo anterior es prácticamente gratis. Lo importante en nuestra vida es gratis. Deja de serlo cuando atrapados por la publicidad y la moda queremos ese poquito más que ya no es gratis. Lo nuevo se paga, pero apenas no lo es, pasa a la categoría de gratis.

El aire es gratis, el agua es gratis, la belleza es gratis, la Naturaleza es gratis, los espacios públicos de las ciudades son gratis, los pajaritos son gratis.

La orilla del mar es gratis, las olas que rompen son gratis, los ríos son gratis, los árboles son gratis. Y las mañanitas y los atardeceres.

Los amigos son gratis, la familia es gratis, los transeúntes amables son gratis.

La música es gratis, la arquitectura bella es gratis, las fuentes de agua y los monumentos son gratis.

Correr es gratis, caminar es gratis, andar en bicicleta o patinar son gratis.

Pensar es gratis, querer es gratis, crear es gratis, escribir, cantar y reír.

Cocinar, comer, charlar y compartir son gratis. El acceso al conocimiento también es gratis.

La belleza es casi siempre gratis:

Vincent van Gogh – Los Lirios (1889). Museo Paul Getty. Valuado en 60 millones de dólares.

Y sin embargo:

Fotografía obtenida por BVB – Jacintos (2015) Jardín Botánico de Brooklyn (NY) – Gratis

La poesía es gratis:

Si tantas cosas son gratis, ¿por qué tenemos esa sensación de que siempre nos falta algo? Porque el gran motor del mundo es el consumo, y nosotros somos los sujetos activos. Nos bombardean con relatos de que seremos más lindos, más veloces, diferentes, mejores, a condición de hacer tal o cual cosa. Justamente todo lo que no necesitamos, porque lo verdaderamente importante es gratis.

¿Necesitamos parecer más jóvenes, más bellos, más atléticos, más ricos, más felices? Es solo parecer, porque ni la juventud, ni la belleza, ni la riqueza, ni la condición física y mucho menos la felicidad se compran por internet.

Para conseguir todo lo que el aparto empresarial, publicista, estatal y del mundo de la moda nos dicen que es indispensable, estamos por destruir todo lo demás, que es lo verdaderamente importante y que es gratis.

Porque si algo no es gratis, es la sobreexplotación de los recursos, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y el sufrimiento que significará reacomodar una civilización obesa y sobredimensionada a las reales posibilidades que tendrá el planeta no bien se terminen los recursos no renovables.

La palabra austeridad que significa sobriedad, severidad en la forma de obrar o vivir, acompañó al ser humano durante toda su historia. Las cosas no se desperdiciaban, se cuidaban, se utilizaban hasta que se rompían, se remendaban. Tener algo era un privilegio, la gente común disponía de muy pocas cosas materiales y las cuidaba.

Mi padre me contaba sin ponerse colorado que él se vistió durante muchos años con la ropa que le legaba su tío. Había quedado huérfano de padre de muy chico y la madre priorizaba que sus tres hijos estudiaran. La austeridad era común y no era vergonzante, y el verdadero logro de mi abuela fue formar tres hijos profesionales.

Pregunté a varias personas que hablan en el idioma inglés:

—¿Cómo se dice austeridad en inglés?

Hasta ahora nadie me lo contestó espontáneamente, señal de que no se utilizó mucho ese concepto en los últimos años.

El Viaje

Charles Darwin (1809/1882) fue un naturalista inglés que revolucionó las ideas sobre la evolución y el funcionamiento de la biología con su influyente tratado “El Origen de las Especies” (1859). Darwin obtuvo la información para su obra de numerosos viajes por el mundo, siendo el mas importante el que encaró en 1831 en la nave HMS Beagle al mando del capitán Fitzroy. El periplo duró 5 años llegando de regreso a Inglaterra en 1936 luego de circunnavegar el planeta. Darwin observaba y recopilaba datos de cada metro que recorría, fuera desde la cubierta del Beagle o caminando en excursiones interminables cada vez que podía descender de la nave.

Ese es, en definitiva, el concepto último de la palabra viaje: lo que ocurre en el transcurso del derrotero, y no tanto el destino al que se llega, que en estos casos hasta puede ser irrelevante.

Fuera en los viajes del mencionado Darwin, de Marco Polo, de Magallanes o de tantos otros aventureros que se lanzaron a descubrir o colonizar nuevas tierras, los relatos refieren a lo que ocurría durante el recorrido. El destino final, el punto de llegada, muchas veces era incluso desconocido. El viaje era el trayecto.

Eso ha cambiado de manera dramática en la época actual. Hoy un viaje es simplemente un cambio de localidad. Viajar a Paris significa tomar un avión en una localidad y arribar a la ciudad luz en determinada cantidad de horas. El trayecto se hace durmiendo o mirando una película, pero no aporta nada de interés y cuanto mas rápido termine, mejor. Viajar en automóvil significa subir a una autopista y manejar hasta el punto de destino en el menor tiempo posible. Lo mismo sucede con el ferrocarril.

Trasladarnos en bicicleta nos permite volver al viejo concepto de viaje porque el trayecto es lo importante, es lo que se ve y con lo que interactuamos durante el tiempo que pedaleamos. El avance es lo suficientemente lento como para mirar lo que ocurre alrededor, observar como vive la gente, como interactúan los factores naturales, detenernos ante lo bello o lo interesante, recopilar información y sacar fotografías.

Los seres humanos modernos hemos perdido el contacto con el ambiente, vivimos súper-protegidos en casas, autos, oficinas y negocios. La bicicleta nos pone nuevamente a la intemperie y nos hace sentir vivos, nos quita seguridades y nos obliga a templarnos para sobrevivir. El trayecto, el viaje, es cambiante e impredecible, cada metro de recorrido ofrece sorpresas y enseñanzas. Es una experiencia única.

Resumo diciendo que los ciclistas, como hicieron Darwin y tantos otros a lo largo de la historia, van viendo los pixeles del mundo, mientras que los viajeros modernos solo ven la gran foto pero ningún detalle.

Yo no viajo solo

Alguno podrá preguntarse en que ocupa la cabeza alguien que se pasa siete u ocho horas diarias pedaleando en solitario para luego llegar a un hotel, comer solo y al día siguiente retomar la misma rutina. Parece difícil de comprender, pero en realidad uno mentalmente no viaja solo. Yo tengo varios amigos imaginarios dependiendo del tema que me ocupa. Hablo de ecología con uno, de agronomía con otro y de temas relacionados con la bicicleta con otro más. Ellos no lo saben por supuesto, pero prestan la oreja para charlas interminables y diálogos riquísimos que incluso a veces arrojan resultados valiosos. En ese ping-pong imaginario se analizan problemas, se buscan datos en la memoria y hasta se llega a conclusiones que serian imposibles sin ese ida y vuelta enriquecedor.

En mi caso quien me acompaña la mayor parte del día pedaleando a mi lado, quien me aconseja, me pregunta, me alienta, me distrae y me ayuda a pasar los momentos de crisis se llama Freddy.

Freddy es mi amigo desde los pantalones cortos en el Colegio Esquiú. Freddy era ciclista de alma y habiendo recorrido el camino de Santiago fue quien me alentó a intentar algo parecido. Fue quien me habló por primera vez de la e-bike –divertirse y no sufrir me decía– y quien me enseñó varios trucos para no lastimarme y arruinar el programa (toma mucha agua…aunque el cuerpo no te lo pida).

Éramos en ese tema del pedal almas gemelas, intercambiábamos whatsups y soñábamos con paseos futuros. Yo intentaba inducirlo a algún viaje conjunto y a que me visitara en mi reducto de Palm Beach con la certeza de que quedaría seducido por la belleza de sus bici-sendas.

Creo que Freddy también lo soñaba pero algo lo retenía, lo tenia preocupado, y finalmente comprendí de que se trataba. Un día un ángel bajó del cielo y se lo llevó.  Aunque en realidad solo se llevó una parte, porque la otra, su espíritu y su recuerdo siguen entre nosotros, y Freddy pedalea junto a mi y me conversa, me aconseja y me alienta.

Gracias por tu compañía amigo.

Los Sueños

Se puede detener un ejercito que ataca una ciudad, pero no se puede frenar una idea cuando llega a su tiempo.

Víctor Hugo

 

Soñar es adelantarse al futuro, es modelarlo, desearlo, y hasta vivir ese tiempo anticipadamente. Basta intentarlo con fuerza y convicción para sentir como real esa imagen que tantas veces hemos visualizado al cerrar los ojos.

Lo primero que debemos hacer es atrevernos a soñar, a liberar nuestro espíritu de trabas y complejos e imaginarnos en el lugar deseado realizando esa acción que nos da felicidad. Los sueños necesariamente refieren al futuro y a acciones que por distintos motivos no hemos llevado a cabo aún. Son siempre positivos, emocionantes, épicos y superadores de la realidad cotidiana.

Soñar es maravilloso porque nos habilita a permear limites y a transportarnos mas allá de lo que el pragmatismo indica. Nos hace mejores, más bellos, más hábiles y nos permite sin grandes costos realizar aventuras extraordinarias.

Creo que todos los seres humanos tienen sueños, pero para pasar a la etapa de la realización se los debe moldear, dirigir, y proveer de argumentos para encaminarlos hacia situaciones posibles. Si soñara con navegar entre las galaxias seguramente no pasaré de allí. En cambio si soñara con un viaje terrenal, con ascender a una montaña, con navegar los mares o con pintar un bonito cuadro, probablemente lo logre.

Dele a sus sueños una oportunidad, hágalos simples, realizables!

El siguiente paso es asimilar nuestros sueños a la realidad mundana, y acá es donde cierto pragmatismo es necesario porque el mundo se rige por leyes y principios que no tienen nada que ver con la imaginación. Esas imágenes idílicas que nos han motivado ahora deben adaptarse a nuestras circunstancias.

A esta altura del proceso debemos poner los sueños por escrito, darles forma, y periódicamente revisar nuestras anotaciones para verificar el grado de avance. Eso nos genera compromiso y nos obliga a ser específicos: ya no se trata de “…quiero subir a una montaña…” sino de determinar a cuál de todas, cuándo y cómo. De esta manera el sueño toma la forma de un proyecto concreto, y si no lo abandonamos un día será una acción que nos llenará de satisfacción y orgullo.

Habremos cumplido nuestro sueño!

Este ensayo se trata simplemente de eso: “…toma tu sueño y hazlo realidad…”

Es posible que la pequeña aventura ciclística que estoy realizando a mis 70 años haya comenzado a moldearse mucho antes de ahora, y tiene que ver precisamente con adaptar a mi realidad y posibilidades concretas un sueño mil veces repetido cuando cierro los ojos y me libero de lo cotidiano.

Siempre fui un buen soñador pero un mal memorioso y sin embargo recuerdo con nitidez cuando de niño viajaba imaginariamente con “Bomba, el niño de la selva” por túneles de ríos subterráneos y selvas inexpugnables, y luchaba codo a codo contra enemigos temerarios. Era tal mi grado de compromiso con Bomba y su historia que me despertaba exaltado y sin deseos de retomar la realidad.

Bomba era un niño blanco que vivía en la selva y que partió en búsqueda de sus padres porque desconocía sus orígenes. A cada paso se topaba con lugares intrigantes, víboras aterradoras, ríos plagados de cocodrilos y miles de peligros que se relataron en una secuencia de 20 libros al estilo de “continuará en el próximo”, porque  en el anterior el enigma no se resolvía pero dejaba una ventanita abierta con datos intrigantes que servían para encauzar el siguiente. Las descripciones eran de tal calidad que los lectores casi vivían la aventura en carne propia. Bomba era un aprendizaje inigualable del arte de soñar.

Vino luego Sandokán, del escritor italiano Emilio Salgari, que era un príncipe de Borneo cuya familia había sido eliminada por los británicos que le robaron su reino. Sandokán se transforma entonces en pirata –los Tigres de la Malasia- y desde su base de la isla de Mompracem efectúa toda case de viajes alucinantes con combates épicos que relataba con tal maestría Salgari que uno se sentía enarbolando una espada junto al fiel portugués Yañez.

Vale aclarar que la mía es la versión masculina de los sueños de la infancia, y supongo que las niñas harían lo propio con príncipes azules y castillos, o con historias de hadas y familias maravillosas.

Concluída la infancia los adultos continuamos soñando pero dotamos a nuestros sueños de mayor realismo. Soñamos con mejores trabajos, con formar una familia y con consolidar proyectos, pero no dejamos de tener esa cuota de niños aventureros y también soñamos con playas soleadas, con deportes desafiantes y con actividades que nos sacan de la rutina.

Las urgencias de la vida, en un mundo cada vez más demandante, hacen que muchos de esos sueños deban postergarse, o incluso eliminarse para siempre de la agenda. Es por eso que cuando llegamos a peinar canas comprendemos que lo más importante que podemos comprar en este mundo es nuestro propio tiempo. Tiempo para nosotros, para escribir nuestra lista de prioridades y para tomar decisiones sin los condicionamientos de lo urgente. Y también para cumplir nuestros sueños, aquellos que venimos postergando y que piden a gritos acción y compromiso.

Una gran lección de vida y de cómo administrar el tiempo y los recursos escasos llegó a mi vida por casualidad y en el momento menos propicio:

Allá por el año 2000 estaba visitando a mi hija mayor que estudiaba en la universidad Palm Beach Atlantic en el Estado de  Florida, USA. Intentando distraer mi tiempo me detuve en un negocio de náutica a husmear de que se trataba ese mundo acuático para mi totalmente ajeno y desconocido. Entre anclas, cabos, motores, elementos de pesca y demás cuestiones relacionadas con la actividad había una pequeña mesa con un libro en oferta, muy primitivo, unido con espirales y con más aspecto de apunte que de verdadero libro. Lo hojeé con curiosidad y por algún motivo decidí comprarlo. Ese hecho fortuito produjo en mí una serie de cambios que aún perduran y que signaron mi vida y mis sueños de allí en más.

El libro se llamaba “Cruising Comfortabily On a Budget” (Navegando Confortablemente Dentro de un Presupuesto) y su autor –el Skipper (capitán) Bob- relataba con gracia y en estilo familiar cómo debió convencer a su esposa primero y cómo a renglón seguido se lanzaron a navegar por el resto de sus vidas en un pequeño barco y dentro de un presupuesto acotado por sus ingresos como jubilado del Correo.

El Skipper Bob y su First Mate (primer oficial) Elaine navegaron 40.000 millas durante 9 años y vuelcan en el libro sus motivaciones, sus experiencias y sus consejos dirigidos a personas que se atrevan a emprender un camino de aventuras semejante.

Leí el libro con entusiasmo y me juramenté a que llegado el momento haría algo por el estilo. Aventuras, libertad, viajes, naturaleza…son cosas por las que vale la pena vivir… y eventualmente también morir!

Skipper Bob y Elaine me regalaron argumentos para soñar los siguientes años de mi vida.

Luego sobrevinieron momentos duros para mi país –la Argentina- y para mi economía familiar, por lo que el libro y los viajes que inspiraba pasaron a un segundo plano y eventualmente se quemaron en la hoguera de la vida.

Quince largos años más tarde -y luego de duras batallas que me permitieron dar por superada la crisis- retornó a mi memoria el libro del Skipper Bob, y lo visualizaba como si hubiera permanecido en la mesa de luz todos esos años. Ansiosamente lo busqué en Google y para mi satisfacción seguía a la venta. Sin dudarlo lo compré por Amazon y me lo enviaron a mi domicilio.

Nuevamente los sueños, los planes y las consultas con la familia. La punta del ovillo estaba entre mis dedos y solo faltaba tironear.

Compré y leí media docena de obras similares escritas por otras parejas que alcanzado el momento de dejar la vida activa decidieron abandonar el confort de sus hogares, comprar un barco y lanzarse a navegar y disfrutar de los años de retiro.

Cabe acotar que la navegación que iniciaban estos aventureros -en general personas mayores y con poca o ninguna experiencia náutica- la realizaban en las aguas protegidas de los Estados Unidos, recorriendo lo que se da en llamar el Great Loop (el Gran Rulo).

El Gran Rulo consiste en un circuito de aguas interiores al territorio norteamericano que totaliza unas 6000 millas (10000 km) y que brinda una navegación protegida y segura, ya que solo en un par de oportunidades se sale a mar abierto y por períodos breves.

Partiendo de Miami (por ejemplo, porque se puede zarpar en cualquier punto) se navega paralelo a la costa atlántica por un canal interior denominado Intrercoastal Waterway hasta llegar a la ciudad de New York, desde allí se remonta el río Hudson hasta Albany en donde se toma el Erie Canal (canal hecho por la mano del hombre) hasta desembocar en los Grandes Lagos en el limite con Canadá . Atravesados estos se arriba a la ciudad de Chicago, se toma el rio Illinois y luego el Mississippi hasta desembocar en Nueva Orleans, en el Golfo de México. Desde allí se navega por aguas del Golfo de México hasta llegar a Key West (el cayo –islote- mas austral de la secuencia que comienza en Miami) desde donde se vira con rumbo Norte hasta retornar al punto de origen dando por cerrado el círculo (Loop).

Esta navegación suele hacerse a lo largo de un año calendario y siguiendo las estaciones. En verano se navega por la región Norte (fría)y en invierno por el Sur y el Caribe. Puede incluir diversas variantes a gusto de los navegantes, incluyendo visitas a las islas Bahamas, paseos por ríos interiores, como también extensiones por el vecino país del Canadá.

El proyecto me entusiasmaba y dediqué mucho tiempo a encontrar el barco ideal, estudiar rudimentos de náutica, leer cartas de navegación y manejar complicados instrumentos. A la larga comprendí que excedía mis posibilidades porque este tipo de navegación requiere de al menos dos personas, y mi First Mate puso bien en claro que me acompañaría solo en ciertos períodos pero de ninguna manera un año entero. Varios amigos podían hacerlo durante 15 ó 20 días, pero era imposible completar de esa manera el calendario de un año requerido por el loop.

Descartada la náutica analicé brevemente la variante de viajar en un Motor home (casa rodante), pero lo eliminé muy ligero al imaginarme manejando por una ruta congestionada de tráfico en un aparato de 6 ó 7 toneladas de peso para llegar a la noche a un camping donde bajaría mi silla y entablaría una conversación con un vecino situado a 3 metros de distancia en su propia nave terrícola.

No es lo mío! Descartado!

Me iba quedando sin opciones, aunque mi espíritu me instaba seguir buscando.

Y así surgió la idea de la bicicleta, que para mi sorpresa es bastante más popular de lo que parece y tiene adeptos en todo el mundo, amén de una organización aceitada. Y se puede hacer en solitario, sin depender de nada ni nadie!

Compré una Cannondale Quick, un aparato de mediano precio pero de muy buena calidad y performance, y comencé a hacer paseos cada vez más largos. Al principio me iba a la playa (25 km) y a recorrer parques y barrios cercanos.

Al tiempo me atreví a equiparla para viajes y arranqué mi primer odisea, que si bien fue modesta a mis ojos era todo un desafío. Me fui de Palm Beach Gardens hasta St. Augustine en un viaje de 5 días y cubriendo 400 km.

Más adelante realicé un paseo desde Palm Beach Gardens hasta Key Biscayne en dos jornadas pedaleando 180 km.

Habiendo ya perdido el miedo, el año 2017 encaré un recorrido mayor: de Savannha (GA) a Palm Beach Gardens (FL) cubriendo 900 km en 8 días. Fue una experiencia maravillosa y posiblemente la que me pasó a la categoría de adicto.

 Y me quedé con ganas de más, de mucho más, por lo que a partir de mi regreso no hice otra cosa que profundizar mis conocimientos de todo lo que hace a viajes de larga distancia. Atendí infinitos videos de Youtube y recorrí todos los sitios web y blogs de viajeros que logré encontrar. Hay todo un mundo de ciclo viajeros, y numerosos personajes han recorrido miles de kilómetros en las más diversas condiciones: siendo jóvenes, viejos, con presupuesto, a la gorra, solos, en familia o con amigos. Todos los relatos son optimistas, y la gente que ha tomado la costumbre de viajar por el mundo de esta edificante manera manifiesta sentirse feliz y deseosa de continuar haciéndolo.

Es así que el año 2018 pensé en levantar la vara y probar con un viaje en serio, uno que me sacara de la categoría de principiante y me colocara en la de los que tienen algo que relatar a los nietos y provocar un uuuh!.

Compré una e-bike marca Juiced modelo Cross Current S, subí a un avión y me fui a Buffalo (NY), pueblo vecino al lago Erie y las cataratas del Niágara. Tomé por el borde del Erie Canal hasta Albany, y de allí por las márgenes del rio Hudson hasta la ciudad de Nueva York. Continué a Filadelfia, Baltimore, Washington, Virginia, los Outer Banks, Wilmington, Charleston, y finalmente recorrí la bellísima costa del estado de Florida desde su inicio en Amelia Island hasta el punto mas austral de los Estados Unidos en Key West.

Recorrí en esa oportunidad 4968 km en bicicleta y 231 km en ferry que totalizaron 5199 km en 53 días. El promedio fue de 98 km/día.

Tenia 69 años de edad. Todo salió bien, nunca me dolió nada y no tuve más inconvenientes que los razonables estando 8 horas diarias pedaleando en solitario y a la intemperie. Éxito total, sueño cumplido con creces!

Hoy 26 de Septiembre de 2019 y ya con 70 años, estoy sentado en un camarote del tren Amtrak llamado Silver Meteor y que me promete depositarme en Washington DC en 21 horas y 20 minutos de ajetreo.

Llegado a destino comienza la primera etapa de mi nuevo viaje, que relataré a medida que deje kilómetros a retaguardia.