Charles Darwin (1809/1882) fue un naturalista inglés que revolucionó las ideas sobre la evolución y el funcionamiento de la biología con su influyente tratado “El Origen de las Especies” (1859). Darwin obtuvo la información para su obra de numerosos viajes por el mundo, siendo el mas importante el que encaró en 1831 en la nave HMS Beagle al mando del capitán Fitzroy. El periplo duró 5 años llegando de regreso a Inglaterra en 1936 luego de circunnavegar el planeta. Darwin observaba y recopilaba datos de cada metro que recorría, fuera desde la cubierta del Beagle o caminando en excursiones interminables cada vez que podía descender de la nave.
Ese es, en definitiva, el concepto último de la palabra viaje: lo que ocurre en el transcurso del derrotero, y no tanto el destino al que se llega, que en estos casos hasta puede ser irrelevante.
Fuera en los viajes del mencionado Darwin, de Marco Polo, de Magallanes o de tantos otros aventureros que se lanzaron a descubrir o colonizar nuevas tierras, los relatos refieren a lo que ocurría durante el recorrido. El destino final, el punto de llegada, muchas veces era incluso desconocido. El viaje era el trayecto.
Eso ha cambiado de manera dramática en la época actual. Hoy un viaje es simplemente un cambio de localidad. Viajar a Paris significa tomar un avión en una localidad y arribar a la ciudad luz en determinada cantidad de horas. El trayecto se hace durmiendo o mirando una película, pero no aporta nada de interés y cuanto mas rápido termine, mejor. Viajar en automóvil significa subir a una autopista y manejar hasta el punto de destino en el menor tiempo posible. Lo mismo sucede con el ferrocarril.
Trasladarnos en bicicleta nos permite volver al viejo concepto de viaje porque el trayecto es lo importante, es lo que se ve y con lo que interactuamos durante el tiempo que pedaleamos. El avance es lo suficientemente lento como para mirar lo que ocurre alrededor, observar como vive la gente, como interactúan los factores naturales, detenernos ante lo bello o lo interesante, recopilar información y sacar fotografías.
Los seres humanos modernos hemos perdido el contacto con el ambiente, vivimos súper-protegidos en casas, autos, oficinas y negocios. La bicicleta nos pone nuevamente a la intemperie y nos hace sentir vivos, nos quita seguridades y nos obliga a templarnos para sobrevivir. El trayecto, el viaje, es cambiante e impredecible, cada metro de recorrido ofrece sorpresas y enseñanzas. Es una experiencia única.
Resumo diciendo que los ciclistas, como hicieron Darwin y tantos otros a lo largo de la historia, van viendo los pixeles del mundo, mientras que los viajeros modernos solo ven la gran foto pero ningún detalle.

Brillante tu reflexión y llevándola a la vida cotidiana, podemos decir que no prestamos la suficiente atención a los pixeles de cada instante que vivimos. Abrazo Juan
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Excelente!!!
Tenes q leer el libro de Von Humboldt!
Darwin no hubiera existido sin el.
Besos!!
F
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Gracias por toda tu generosa info
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Si Juan….también alguien reflexionando sobre la felicidad habla de esto….como que ella está en el recorrido hacia aquello que nos propusimos y no solo en alcanzar la meta
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