No se sabe a ciencia cierta de donde proviene el vocablo Arizona. Algunos dicen que significa “pequeña fuente” en idioma indígena local. Otros especulan con que provendría de las palabras Haritz Ona que en euskera (los españoles vivieron muchos años en la región) significa “buen roble”. Pero me inclino por la acepción que encontró mi yerno y con lo que se divirtieron bastante mis nietos: “Arid zone” o en su variante castellana “Arid zona” (zona árida)
Resulta que no bien bajamos del avión en el aeropuerto de Phoenix se desató una tormenta de tierra y nuestros celulares acusaron recibo de la advertencia sonora del Servicio Meteorológico de que se debía parar los automóviles al costado de la carretera y no intentar manejar sin visibilidad. El viento cálido (40 *C a las diez de la noche) y cargado de tierra nos dio la bienvenida al Estado mas desértico de los Estados Unidos. Y que nos prometía 45 *C para el día siguiente.
Confieso que nunca hubiera visitado Arizona si no me lo proponía como programa de vacaciones mi hija Lucía. Pero como sucedió, y de manera exitosa, les cuento algunas vivencias:
Arizona es el sexto en tamaño y el catorceavo en población de los cincuenta Estados que integran los Estados Unidos de Norteamérica. Y fue el que se incorporó a la Unión casi al final -en la posición 48- en el año 1912.
En el sur de Arizona el clima es desértico con veranos muy calurosos e inviernos suaves. El norte del Estado es mas montañoso y tiene nieve en invierno, donde se puede practicar esquí. Afloran allí los bosques de pinos y abetos y el paisaje es desértico pero bastante mas verde.
Una cuarta parte de la superficie de Arizona la conforman reservas indias que albergan a 27 poblaciones nativas diferentes. Quizás la mas conocida es la de los Navajos con sus 300.000 ciudadanos.
De la superficie total del Estado –295.000 km2- solamente el 15 % corresponde a tierras privadas. El resto lo ocupan tierras públicas, sus 24 Parques Nacionales (donde sobresale el del Gran Cañón del Colorado, una de las siete maravillas del mundo) y las mencionadas reservas indias.
A pesar del clima desértico el 27 % de la superficie tiene bosques, entre los que se destacan los de pino Ponderosa que conforman la población mas grande de esta especie en el mundo.
El Estado de Arizona es industrial, agropecuario, minero y sorprendentemente turístico, y su nave insignia es el Gran Cañón del Colorado.
El río Colorado excavó 800 metros de profundidad a su paso, y mediante esa tarea expuso a los ojos del hombre 2000 millones de años de historia del Planeta.
Otro espectáculo único y sorprendente es el Cráter del Meteorito, un agujero en medio del desierto provocado por el impacto de un cuerpo celeste que mide 1600 metros de diámetro y 170 de profundidad.
La riquísima historia de la conquista del Oeste y los episodios de indios y vaqueros me trajeron vivencias de la infancia cuando descubrí que en estas tierras vivieron Bat Masterson, Wyatt Earp, Doc Holliday, Cochise y el indio Jerónimo entre muchos otros. La ciudad de Tombstone atrasa 200 años:
En los inicios de Arizona coexistieron la minería realizada en condiciones infrahumanas, los viajes épicos de los pioneros, la adaptación de los nuevos pobladores a una naturaleza agresiva y demandante, …y últimamente la construcción de rutas y autopistas sofisticadas, la instalación de agricultura con riego, el aprovechamiento y conservación de cada pedacito de historia para invitar a los turistas y la construcción de ciudades maravillosas y modernas que caracterizan a un Estado que quiero brevemente poner en números a continuación.
Porque con números se verá como con muy poco y en condiciones originalmente adversas, gente laboriosa y con proyecto puede transformar una situación desfavorable en una comunidad rica y pujante.
La población de Arizona es de 7.151.502 habitantes al año 2020
El PBI del año 2020 es de 372.461 millones de dólares.
El PBI per capita es entonces de 52.082 dólares.
Con estos números Arizona, un Estado poco favorecido, con temperaturas obscenas y sin mar, ocupa el puesto Nro. 19 de los 50 de su país. Nada extraordinario, solo se ubica a la mitad de la tabla.
Y ahora es tiempo de referirme brevemente al segundo término del titulo del artículo: (Ar)izona vs (Ar)gentina
No voy a describir in extenso las cualidades de la Argentina porque los lectores de este blog son casi todos argentinos y conocen de sobra a este maravillosamente dotado país. Es el sexto en superficie del mundo, tiene la pampa húmeda con 60 millones de hectáreas productivas, las cataratas del Iguazú (otra de las 7 maravillas del mundo), mares, montañas y petróleo. Ocupa 3.761.274 km2 (o sea que Arizona entra 13 veces en nuestro territorio nacional)
La población de la Argentina es de 45.376.763 habitantes al año 2020 (6,3 veces mas que la de Arizona)
El PBI del año 2020 es de 383.067 millones de dolares (prácticamente el mismo que el de Arizona)
El PBI per capita es entonces de 8.442 dólares (6,17 veces menor al de Arizona).
¿Cómo es posible que uno de los países más dotados del Planeta no resista una comparación con un Estado desértico de los Estados Unidos?
¿Cuarenta y cinco millones de argentinos en el paraíso no logramos producir mas que siete millones en el desierto de Arizona?
Es así, una realidad que desgarra, una caída libre que avergüenza y que no cuenta con explicacion racional.
Porque no siempre fue de esta manera, y cuando arrancó el camino a la modernidad la Argentina fue número uno:
Arrancamos en punta y en 1895 tuvimos el PBI per capita mas alto del planeta. Fuimos la envidia del mundo, Canadá y Japón ni siquiera figuraban en la tabla, y los países de Europa mandaban a sus hijos a la tierra prometida.
Luego de un largo derrotero, con momentos gloriosos a principios del siglo XIX donde Buenos Aires se convirtió en la París de Sudamerica, con una educación de elite, con un desarrollo agropecuario de excelencia, con la red de ferrocarriles mas impresionante de America, y con una clase media numerosa y pujante que admiraba al mundo que nos observaba, esto es lo que logramos al año 2020:
Estados Unidos. 63.543,6
Australia. 51.812,2
Canadá 43.241,6
Uruguay 15.438
Chile 13.231,7
Argentina 8.441,9
Fuente: Banco Mundial – PBI per capita
…destruirnos.
Conservamos aún una serie de mentes lúcidas, sobre todo en el periodismo y las letras (Joaquin Morales Solá, Jorge Fernandez Diaz, Miguel Wiñazqui, Alejandro Borensztein, Federico Andahazi, etc.) que nos relatan a diario como nos vamos destruyendo, y miramos los sucesos con estupor pero sin poder hacer nada por evitarlos. Como si observáramos por la ventana, impávidos, como se cae el edificio, pero sin involucrarnos en evitarlo, sin atrevernos a contradecir a la ley de gravedad, sin el coraje que nos permita arriesgar lo poco que nos va quedando, pero que suponemos mejor que nada.
En la vereda de enfrente un grupo de personajes nefastos ha ido avanzando sobre todos y cada uno de los estamentos de la República y, ante nuestra pasividad o incompetencia, se quedan con todo. Lo peor de nuestra sociedad: sindicalistas ladrones, políticos incompetentes y corruptos (no son todos, hay también de los otros), jueces comprables y cobardes, empresarios inmorales dispuestos a cambiar negocios por coimas (casi todos, según mostraron los cuadernos Gloria), y seres simples dispuestos a vender su alma al diablo por un beneficio social, dominan la escena.
La calidad moral y técnica de nuestros dirigentes, de nuestros funcionarios y de nuestros lideres, no puede llevarnos a otro lado del que ya vamos.
Y una mujer deleznable, la peor de todas, manda un tweet y todos los machos peronistas se estremecen, miran el sillón adonde están sentados, y rápidamente declinan mostrar cualquier disidencia que pudiera hacer peligrar su status quo.
La gente buena, que es la mayoría, no puede hacer otra cosa que votar en elecciones amañadas que convalidan el poder de sus opresores. Porque la democracia dispone de armas perfectas para controlar y balancear el poder, pero cuando una sociedad permite que esas mismas armas sean apropiadas por una facción, son igualmente eficaces para oprimir, impedir, perseguir y disuadir cualquier intento de volver a la normalidad.
Abundar en describir la situación desgraciada a que ha llegado la Argentina no tiene sentido. Es auto-flagelarse. Me gustaría poder aportar a las soluciones, porque si bien hace rato que renuncié a ver -en lo que me queda de vida- el país que soñaba en mi juventud, quisiera al menos pensar que mis hijos y nietos puedan contar con un futuro digno.
Las acciones de los seres humanos tienen que tener sentido, y si además tienen encanto, mucho mejor.
Recuerdo que cuando en mi juventud me trasladé a vivir a la provincia del Chaco lo hacía resignando el confort y las seguridades de mi Buenos Aires natal porque tenia un proyecto, porque tenía sentido intentar producir y progresar en zonas marginales, y porque la Argentina era un país que prometía. Que tenia encanto.
Hoy debo decir que me equivoqué, que tanto mi esfuerzo como el de tantos otros que hicieron cosas parecidas, no sirvió para nada. El país está mucho peor, y en lugar de encantar, avergüenza.
Necesitamos con urgencia un «que se vayan todos» y volver a empezar desde lo que quede. Esto no se arregla con parches.
Debería escribir ahora esa frase esperanzadora que requiere sobre el final todo articulo descriptor de calamidades, pero no la encuentro. Se las debo.