Clasificando nuestros problemas

En estos días en que se está desarrollando en París la COP21 (21th United Nations Conference on Climate Change), y a pocos meses del lanzamiento de la Encíclica Papal Laudato SI (Alabado seas) referida al mismo tema, vale la pena aprovechar la fuerte exposición mediática de la problemática ambiental para meter un bocadillo.

Los representantes de los 195 países participantes de la Conferencia coinciden en que tenemos por delante un drama de envergadura, y por primera vez se pone de manifiesto que se ha perdido tiempo precioso y que es necesario actuar de inmediato. Reconocer que el problema existe y que lo estamos generando los seres humanos, es condición necesaria (pero no suficiente) para resolverlo. Mas dificultoso es decidir cómo hacerlo, y quién debe pagar las cuentas. Dentro de escasos 3 días -el 11 de Diciembre para ser precisos- se tendrá el informe final de la COP 21. Paciencia y atención, de lo que se acuerde allí depende nuestro futuro.

En el ínterin vale la pena clarificar y simplificar la problemática que enfrenta la humanidad, porque la información es tanta y a veces tan confusa, que cuesta entender de qué hablan tantos “especialistas”, científicos, periodistas, profesores y políticos.

Intentaré, a pura brocha gorda, clasificar los problemas que enfrentamos, jerarquizando a los mismos según su relevancia en la salud de nuestra civilización.

Los problemas Clase A, los de mayor jerarquía, son 2 y solo 2:

La Cuestión Energética

La Cuestión Ambiental

Los problemas Clase B, de mucha menor incidencia, son infinitos:

-Hacer un celular superior al IPhone 6.5 Plus

-Fabricar autos más veloces, seguros y económicos

-Construir viviendas ecológicas, más confortables, más funcionales

-Confeccionar ropa vistosa, que no se planche, cómoda, liviana

-Pintar cuadros más bellos que los de Van Gogh

-Llegar a Marte con naves tripuladas

-Curar el cáncer

-Hacer aplicaciones para la computadora y el celular que hagan aún más tareas que las actuales

-Batir el récord de velocidad de Usain Bolt

-etc. etc. etc. y un millón de etcéteras más.

Los problemas de Clase B ocupan todo nuestro tiempo y nuestros esfuerzos, y movilizan toda nuestra atención y nuestros deseos. Sin embargo son irrelevantes respecto a lo verdaderamente importante, que es conservar a nuestro Planeta saludable y a nuestra civilización en marcha.

Qué sucede si no batimos el récord de velocidad de Bolt, o si no mejoramos los celulares, o si no llegamos a Marte o si no curamos el cáncer? Nada, no ocurre nada demasiado relevante para la supervivencia del Homo sapiens. Los problemas de Clase B son pura cosmética a los logros de una civilización en su apogeo. Son vistosos, llamativos, pero secundarios.

Los problemas de Clase A -los referidos a la energía y al ambiente- mucho menos presentes en nuestro quehacer cotidiano y en nuestras preocupaciones, son los que hemos descuidado y los que están a punto de causarnos daños irreparables.

Si a usted, amigo lector, le cuesta creer que la Cuestión Energética es tan importante para nuestro bienestar, levántese de la silla, vaya a la cajita de llaves térmicas de su casa, baje esa palanquita que dice ON-OFF, y visualice a continuación que pasa con su mundo. Sin luz, ni agua, ni computadora, ni celular, ni heladera, usted no puede vivir, y mucho menos resolver ninguno de los problemas de Clase B, esos que a usted lo desvelan. Bueno, vuelva la palanca a la posición ON, pero ahora ponga en su agenda que hay que atender el reemplazo energético, porque lo que estamos usando se acaba y muy pronto.

El segundo problema de Clase A, la Cuestión Ambiental, abarca desde el aire que respiramos hasta el agua que bebemos, pasando por la posibilidad de los suelos de fabricar nuestra comida. No hace falta explicar la relevancia que tendría en nuestro quehacer cotidiano cualquier falla en la provisión de esos “servicios” de la Naturaleza. Es en consecuencia necesario tomar conciencia y gritar a los cuatro vientos que estamos haciendo varias cosas mal, y que nuestro ambiente dejará de ser saludable cuando menos lo pensemos, y que sin un ambiente sano y preservado no podremos sobrevivir.

El objetivo de clasificar nuestros problemas en Clases, y de resaltar que solo los de Clase A son determinantes de nuestra supervivencia, es eliminar de la discusión todo lo que no es relevante y que solo sirve para confundirnos y correr el foco de lo trascendente. Por eso usted verá en la columna derecha de este Blog los accesos a tres tipos de entradas:

-Editoriales

-La Cuestión Ambiental

-La Cuestión Energética

El resto de las situaciones que enfrenta a diario la civilización humana, los problemas de Clase B, no serán tratadas en este Blog por ser irrelevantes. Debemos focalizarnos solo en las cuestiones de alto impacto, y no gastar energía ni tiempo en discutir las menores.

Seguimos en contacto

JMB

 

 

3 comentarios sobre “Clasificando nuestros problemas

  1. Anoche se cortó la luz (por suerte no me sucede muy a menudo) y pensé en nuestros abuelos y bisabuelos hace 100 años viviendo y soportando el calor así, sin protestar como nosotros…qué difícil sería volver marcha atrás!!

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  2. Sin duda el consumo de energía para regular la temperatura ambiental (calefacción – refrigeración) es muy importante,debería instrumentarse alguna forma de promocionar via educación y ayuda financiera la construcción con todas las tecnologías de aislamiento térmico, que hoy son muy eficientes.

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  3. Respecto al comentario de Fernando, les cuento que en la casa de mi hija en Florida, USA, el sistema de refrigeración-calefacción es central y está encendido las 24 horas de los 365 días del año. Eso mismo sucede prácticamente en cada casa de este enorme país, en cada negocio, y en cada oficina. Los automóviles arrancan con el climatizador encendido (en automático) y funcionan todo el tiempo regulando el ambiente interior para uno u otro lado. En buena medida por ese motivo los norte-americanos consumen 230.000 kilocalorías diarias por habitante. Obviamente insostenible en el mundo que se viene, y mucho menos si todos los demás habitantes del Planeta quisieran emular el “american way of living”

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