La Gran Apuesta

Hace unos días, alertado por mi amigo Felipe (un ex-compañero de colegio), concurrí al cine a ver la enorme película de Adam McKay –La Gran Apuesta- con Brad Pitt, Ryan Gosling y Christian Bal.

Acudieron a mi memoria tremendos recuerdos porque la película relata magistralmente los sucesos previos y simultáneos ocurridos durante la que se dio en llamar La Gran Recesión o la crisis de las hipotecas basura (subprime) ocurrida a partir del año 2008 y que aún no se ha terminado de resolver. Si bien esta crisis se inició en Estados Unidos, inmediatamente se esparció por el mundo entero.

 

Y menciono los recuerdos que esta película trajo a mi memoria porque por esos años hice algunas incursiones en el mercado inmobiliario del Sur del Estado de la Florida (USA) que dejaron secuelas en mi capacidad de asombro, que lastimaron mi sensibilidad y que me alertaron sobre las tremendas injusticias y el desgarrador dolor que pueden infligir en la gente común las Corporaciones (en este caso las Financieras) y sus inmorales directivos cuando no son debidamente controlados y/o castigados por sus excesos.

La Gran Apuesta describe con gran estilo el drama de la explosión de la burbuja inmobiliaria desde la óptica de los jugadores del sector financiero, y los perversos sistemas que utilizaban para engañar a los desprevenidos inversores que confiaban ciegamente en el prestigio del sistema bancario Norteamericano. Muestra también la inmoralidad de las empresas Calificadoras de Riesgo y de los Entes Reguladores. Detalla como se conformó la estafa mas grande de todos los tiempos con la anuencia y complicidad de las elites de los centros financieros del mundo, de las instituciones que deberían controlarlos, y de las oficinas Gubernamentales. Y cuando la sangre llegó a las calles nadie fue preso, se “socializaron» las pérdidas y se rescató a los estafadores con fondos públicos bajo el argumento de que son «too big to fall» (demasiado grandes para caer), ya que de haberlo hecho hubieran comprometido la supervivencia del propio sistema financiero mundial.

La película muestra marginalmente, pero yo tuve oportunidad de verlo en profundidad, que del otro lado de todas estas enormes cifras, de las carpetas con informes plenas de gráficos en colores, de las reuniones de directorio en resplandecientes oficinas y de la toma de decisiones mientras se agita un vaso de whisky,  está la gente común, la gente indefensa, los que pierden su casa, los que se quedan sin jubilación, sin patrimonio, y sin futuro.

A la sazón por esos años comencé a estudiar Real Estates de manera informal, y habiéndome relacionado con un Broker del Estado de la Florida tuve oportunidad de revisar infinidad de propiedades en venta y/o ejecución judicial. Mis esfuerzos apuntaban a comprar inmuebles para amigos y clientes de la Argentina, que huyendo de la crisis doméstica buscaban oportunidades en esas playas.

Por un lado estaban las faraónicas torres de Miami, en distintos grados de terminación, con sus unidades defaulteadas por sus compradores originales y con sus consorcios quebrados. Pero ese era el mundo de los ricos, o de los inversores extranjeros que compraban para vacacionar o como inversión de renta.

Por otro lado estaban las casas de la clase media (o baja) que habían sido compradas como vivienda principal de la familia y que habían tenido que ser abandonadas en manos de los bancos por la imposibilidad del pago de las cuotas. Y acá el panorama era desolador. Cuando uno entraba a revisarlas, ya vacías por el previo desalojo de sus ocupantes (voluntario o forzado), las encontraba en diferentes grados de destrucción.

Las propiedades en los Estados Unidos se compran con crédito. Un joven que recién comienza su vida laboral puede disfrutar de su casa “propia” pagándola a 20 ó 30 años de plazo (toda una vida) mediante financiación bancaria. Pero cuando se producen burbujas y los precios crecen durante períodos seculares prolongados se degenera la operatoria. Las personas compran suponiendo que el mercado estará siempre en alza y entonces obtendrán riqueza «out of the thin air” (de la nada). Sus casas valen cada vez más, cuestión que al poco tiempo de hecha la inversión los compradores tienen una cierta ganancia (equity) que se generó por la propia apreciación del bien. Contra ese equity la gente sacaba nuevos créditos y los aplicaba a la compra de nuevas casas o a consumos diversos. Un mundo feliz -el American Dream- que duró hasta que la burbuja explotó. Ocurrido esto, el mercado inmobiliario bajó y la gente debía más al Banco de lo que la propiedad valía (le dicen quedar “bajo el agua”underwater) y entonces la abandonaba. Cuándo lo hacía perdía lo poco -o mucho- que tuviera puesto en su inversión, y además quedaba en la calle. Muchos reaccionaron con rencor contra un sistema engañoso que los utilizó para beneficio de los actores financieros que percibían comisiones e indecorosos honorarios, y antes de retirarse de sus casas fallidas rompían todo, arrancaban los muebles de la cocina, destruían los baños, martillaban los cerámicos de los pisos, destrozaban las ventanas y hasta he visto casas donde literalmente pintaron las paredes con materia fecal.

Se han utilizado ríos de tinta para explicar a posteriori de lo sucedido cuales fueron las circunstancias y como se desenvolvieron los hechos, por lo que no voy a abundar acá en detalles. Basta googlear crisis financiera del 2008 para encontrar la información. Algunos datos interesantes de como se desarrollan las Burbujas pueden encontrarse en el libro No Somos Nada  capítulo 19 página 88.

Ahora bien, más viejo que el viento es el dicho de que “a río revuelto ganancia de pescadores”, y en estos tristes episodios hay extraordinarias posibilidades de negocios para quienes los vean a tiempo y se atrevan a actuar.

Los Bancos, puestos a administrar miles de propiedades sin estar organizados para ese fin, salieron a ofrecerlas a precios de descuento, y muchas fortunas se hicieron no bien los valores volvieron a una cierta normalidad post-pánico.

Recuerdo vívidamente un episodio que me impactó: por la mañana de un soleado día de Septiembre del año 2009, y por pedido de un amigo puesto a inversor, concurrí a un remate judicial que tuvo lugar en una cierta dirección de Aventura, localidad ubicada al Norte de Miami. Llegado al lugar del evento, resultó ser un lujoso edificio con vista al agua y a una cancha de golf, y el remate propiamente dicho se efectuaba en el Pent-House. Se vendían  propiedades de variados precios y categorías y, como frutilla del postre, el mismísimo fabuloso departamento en que se efectuaba la subasta. Cumplido el pedido de mi amigo mediante la compra de dos propiedades de mediano precio, presencié el remate por 450.000 dólares del Pent-House en cuestión. Enseguida reconocí el acento argentino del comprador, y motivado por la curiosidad me presenté y mantuve con él un breve diálogo. Me contó que era el ex-dueño de esa preciosura, y que cuando percibió que los precios habían trepado demasiado y que la burbuja iba a explotar, decidió venderlo. Había obtenido un precio de 2 millones de dólares un año atrás, y ahora lo estaba re-comprando realizando una ganancia de 1,55 millones de dólares! Me llevó a su ex-dormitorio y me dijo: …»ve? esa era mi cama…, es alta porque desde ella se ve el mar por la ventana»… Pensé para mis adentros…»ahora lo va a ver mucho mas lindo”…

Quienes vean la película La Gran Apuesta saldrán de la sala pensando que estas cosas no pueden volver a suceder, pero se estarán equivocando. La Gran Recesión que causó la crisis de deuda del año 2008 lejos de haber terminado ha sido puesta en pausa mediante artilugios financieros que solo servirán para hacer las cosas peores. Yo expondré los números en el siguiente editorial y luego acudiremos a Hercule Poirot para que nos ayude a desentrañar el fin de la historia.

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