Como Funciona el Mundo

Ilya Prigogine (1917-2003) fue un químico ruso nacionalizado belga que en 1977 mereció el premio Nobel por sus hallazgos sobre las estructuras disipativas.

A partir de esta breve presentación del personaje tiene usted dos opciones, a saber: o se sumerge en la web googleando los estudios del susodicho Prigogine (le anticipo que se va a poner de mal humor y a sentir frustrado) o simplemente lee más abajo mi versión de su interesante teoría, ya masticada y aplicada al funcionamiento del Mundo.

Nuestra sociedad, como todas las que nos precedieron en la historia, es una estructura disipativa, porque utilizando energía genera información que retiene en su interior y que luego utiliza para hacerse cada vez más compleja. La complejidad es una medida de importancia, de modernismo, de avance, y también de preeminencia sobre estructuras más simples. Pero a su vez, como consecuencia de esa utilización de energía para fines útiles, nuestra sociedad disipa la energía sobrante, la inútil, aumentando la Entropía o el desorden del entorno.

Un sistema es disipativo porque existen dos Leyes de la termodinámica que lo rigen: la Primera que dice que las distintas clases de energía son intercambiables entre sí, y la Segunda que explica que en cada uno de esos intercambios hay una pérdida que no es recuperable y que aumenta la Entropía.

Como es usual, estas cuestiones complicadas se entienden mejor con un ejemplo: si usted pone nafta en su auto, una porción de esa energía será utilizable para moverlo por la carretera, pero otra parte se perderá en calor emitido por el motor y en gases liberados por el escape. Gracias a la Primera Ley usted pudo transformar energía química (de la nafta) en energía cinética (movimiento del auto), pero la Segunda Ley se habrá cobrado su comisión restando eficiencia al sistema y liberando parte de la energía puesta en el tanque de  combustible en forma de calor y gases.

Una situación similar ocurre con los sistemas biológicos: un organismo vivo se alimenta (energía química de la comida) y hace con ella tanto trabajo útil (mantener las funciones del cuerpo y/o realizar tareas) cuanto sufre pérdidas en forma de calor y otros desechos que se liberan al ambiente sin ninguna utilidad aparente.

Y acá empezamos a entrever lo qué significa un sistema disipativo: tanto el automóvil como el organismo vivo de los ejemplos anteriores, liberan o “disipan” al exterior de su estructura una parte de la energía originalmente puesta en su tanque o en su estómago. Esa porción de energía disipada, y por lo tanto no utilizada con fines útiles, es una suerte de desperdicio, de basura, que solo aumenta el desorden del sistema, lo que se denomina Entropía. O sea que Entropía es igual a desorden.

Es similar a lo que sucede en nuestra propia casa: como fruto de la actividad cotidiana se generan desperdicios que buscamos de tirarlos afuera, ya sea dentro de una bolsita de basura, o a través del caño cloacal, o abriendo las ventanas y extrayendo el aire viciado.

A esta altura del análisis quedan entonces dos cosas en claro: que para que funcione nuestro sistema disipativo hace falta una fuente de energía (nafta, comida, electricidad, etc.) y un lugar adonde tirar los desperdicios (un “afuera”)

Y a poco que usted lo piense verá que el mundo está conformado, casi en su totalidad, por sistemas disipativos interconectados de mayor o de menor envergadura.

Los seres humanos tendemos a minimizar el problema de la provisión de energía porque intuimos que vivimos en un sistema abierto y que el sol nos aprovisionará por siempre de la que necesitemos. Y por ahora no pensamos en donde tirar los desperdicios porque siempre hemos encontrado un lugar para hacerlo, sea este la atmósfera, un río, una montaña de basura, un pozo, el mar, o el territorio enemigo.

Sin energía nuestro sistema disipativo no podría funcionar (no habría nada que disipar), pero sin un “afuera” donde poner la basura, tampoco. ¿Que sucedería si en nuestra casa se tapara el caño de la cloaca, si las ventanas se trabaran o si dejara de pasar el camión recolector? Seguramente nos llenaríamos de desperdicios hasta morir por enfermedades o acumulación de sustancias tóxicas,… ¿y si a nuestro auto se le obstruyera el caño de escape? Con seguridad se detendría.

Ahora bien, tanto como un simple organismo vivo o un automóvil son sistemas disipativos, también encontramos este mecanismo de funcionamiento en escalas mayores. Un edificio, una ciudad,  un país, e incluso el Planeta en su conjunto, se desenvuelven de similar manera: utilizan materiales y energía para su funcionamiento y generan desperdicios que deben descartarse en algún lado.

Cuantos mas materiales y energía disponga un individuo, una ciudad, o un país, (digamos que cuanto mas rico sea) más funciones podrá realizar, y entonces aumentará su complejidad: un individuo ó un país ricos tienen más autos, más electrodomésticos, más teléfonos celulares, consumen más bienes y utilizan más servicios. La vida de un campesino conforma un sistema disipativo al igual que la de un habitante de Nueva York, solo que mucho menos complejo porque utiliza menos energía, menos materiales, no cuenta con automóvil, ni ascensores, ni servicios de mandado, ni va al teatro. Por supuesto que también genera menos desperdicios y le resulta más sencillo encontrar adonde disponerlos.

Sigamos esta línea de razonamiento: un país rico lo es porque dispone de más materiales y energía para poner en marcha un sistema disipativo más complejo. La complejidad se manifiesta en mayor información y por lo tanto en mejores estándares educativos, en sectores financieros mas desarrollados, en fábricas más modernas y productivas, en más patentes por inventos, en ejércitos más poderosos, etc. Esa misma complejidad hace que mediante una suerte de retroalimentación (justamente por poseer más bienes, ser más educados, tener mas dinero y manejar mejores ejércitos) esas comunidades se hagan cada vez mas poderosas y, valga la redundancia, complejas. Quienes disponen de mayores riquezas, entonces, disfrutan de un  feed back positivo que los hace cada vez más ricos y complejos.

Pero ya sabemos que los sistemas disipativos generan, además, Entropía (desorden) que debe ser colocada en alguna parte, y las sociedades complejas, por ser también las ricas y dominantes, históricamente han buscado disponer de su Entropía en los países más débiles. El ejemplo más doloroso lo mostraron las potencias Europeas yendo al África y a Asia, extrayendo sus riquezas, y dejando a esas comunidades sumergidas en un tremendo desorden (se llevaron lo que servía y les dejaron de regalo la Entropía). Cuando dos países pelean, el vencedor se lleva el botín y el vencido se queda con los muertos, los heridos y las ciudades devastadas, pierde información, y se desordena política y socialmente, o sea que se queda con la Entropía. Eso siempre fue así y seguirá sucediendo mientras el mundo sea mundo. Si quiere saber de que hablo, leyéndolo en la pluma de un premio Nobel, le recomiendo enfáticamente el libro El Sueño del Celta, de Mario Vargas Llosa.

No es el objetivo de este Editorial valorar las acciones de los seres humanos con sus congéneres -no es una de mis capacidades juzgar la moral o las conductas- pero empieza a verse en este mundo del Siglo XXI algunas situaciones distintas a las que caracterizaron episodios históricos anteriores y que vale la pena analizar.

Nuestra especie -los Homo sapiens-  adquirimos una preeminencia tal en la lucha evolutiva que dominamos al Mundo desde la cúspide de la pirámide. Nuestros propios cuerpos y los de las especies que nos acompañan constituyen nada menos que el 97 % de la biomasa de vertebrados que habitan sobre la Tierra. Nunca hubo semejante preeminencia de una especie sobre las demás.

Quedó en claro por lo dicho más arriba que necesitamos abundante provisión de Energía y que generamos ingentes cantidades de Entropía, pero al contrario de lo imaginable y de lo que sucedía en situaciones similares del pasado, parecería que la cadena esta vez se va a cortar por el eslabón menos pensado: antes que quedarnos sin Energía nos estamos quedando sin lugares donde poner la Entropía.

Acudamos nuevamente a un ejemplo para entender el concepto: como es impensable llevar afuera de nuestro Planeta los gases de escape de los automóviles, de las usinas o de las industrias, estos se acumulan adentro -en la atmósfera- causando contaminación. Mientras las cantidades fueron moderadas la Naturaleza los metabolizaba y se disimulaban, pero en las cantidades actuales no hay suficiente espacio disponible ni capacidad para ciclarlos. Y como esos mismos gases tienen efecto invernadero los rayos calóricos emitidos por la superficie de la Tierra no pueden disiparse al espacio exterior, se quedan rebotando en nuestra atmósfera, y poco a poco nos están cocinando. Y así podríamos mencionar muchos otros ejemplos de cosas que antes disponíamos afuera de nuestros sistemas disipativos y que ahora no sabemos adonde poner  porque al globalizarnos nos hemos quedado sin “afueras”.

En otro orden de cosas, los civilizados hombres modernos también nos estamos quedando sin lugares adonde tirar y disimular las injusticias y las miserias humanas. En los viejos tiempos era más sencillo: Europa del Siglo XV encontró una América impoluta, se llevó sus riquezas y la dejó a cargo de digerir su propia Entropía en la forma de civilizaciones devastadas, ciudades destruidas, y poblaciones diezmadas, enfermas y empobrecidas.

Incluso durante el Siglo XX y hasta la actualidad se hicieron toda clase de ensayos para apropiarnos de las riquezas –petroleras y minerales- del Oriente Medio y del África. Pero cuidado, últimamente comenzamos a ver un fenómeno distinto: ya no es tan fácil tomar los recursos y dejarles el problema a los sojuzgados, porque esas comunidades diezmadas y empobrecidas que no tienen adonde ir, en su desesperación se dan vuelta y buscan reacomodarse dentro del mismo sistema. Se suben a un gomón, o a un barco podrido y con riesgo de hundirse, o saltan una alambrada de púas, pero al no haber un afuera adonde ir a lamer sus heridas se reciclan en el Primer Mundo e invaden sin prisa pero sin pausa lugares antes inaccesibles. Es el caso de la imparable migración hacia Europa por parte de gente desesperada y dispuesta a cualquier cosa. Ya no hay adonde esconderlos, son demasiados, el mundo está globalizado y no se puede acudir simplemente al viejo truco de exterminarlos sin que nadie lo note. Que un nefasto Donald Trump esté ganando las elecciones primarias Republicanas en el primer país del Mundo con el discurso de hacer una pared en la frontera Mexicana, me exime de más comentarios.

Pues bien, un sistema disipativo que no logre deponer su Entropía en alguna parte de su exterior, no puede perdurar por mucho tiempo. Es como si nuestro organismo solo recibiera alimento y no pudiera deshacerse de los desperdicios: terminaría obeso, enfermo, y prontamente moriría.

Así las cosas, vemos que las amenazas a nuestra hipertrofiada y cada vez más desorientada civilización llegan por varios frentes:

  • El flanco energético: nuestro sistema de provisión de energía barata para funcionar no es más confiable porque se sustenta en fuentes no renovables que están a punto de entrar en declinación, y no hay reemplazo a la vista.
  •  La complejidad del sistema disipativo que conformamos los seres humanos deberá disminuir no bien merme la provisión de energía y de otros insumos. Reducir la complejidad de un sistema es tremendamente difícil y doloroso, y conlleva a conflictos y sufrimiento. En innumerables ocasiones condujo al colapso de la estructura social y a milenios de oscurantismo posterior (piense en Roma, Grecia, Egipto, los Incas, los Mayas, etc.)
  • Es imposible calcular las consecuencias que tendrá la acumulación de Entropía en un sistema que está perdiendo la habilidad para disiparla. Pero es previsible que en una primera instancia sufran las comunidades más débiles, las más pobres, y los jóvenes, y que finalmente el desorden destruya a todo el tejido social.

Dos cosas se dicen últimamente por el barrio: que lo que vaya a ocurrir es inevitable, y que cuanto antes suceda es mejor para que el Planeta conserve condiciones mínimas de habitabilidad para sustentar a los sobrevivientes.

El Homo sapiens es resilente y ha demostrado capacidad para soportar catástrofes, por lo que seguramente resurgirá de las cenizas una vez más y empezará a recorrer el largo camino que lo conduzca a su nuevo rol en el Planeta Tierra residual, que será diferente.

 

3 comentarios sobre “Como Funciona el Mundo

  1. De tu artículo:
    Sin energía nuestro sistema disipativo no podría funcionar (no habría nada que disipar), pero sin un “afuera” donde poner la basura, tampoco. ¿Que sucedería si en nuestra casa se tapara el caño de la cloaca, si las ventanas se trabaran o si dejara de pasar el camión recolector? Seguramente nos llenaríamos de desperdicios hasta morir por enfermedades o acumulación de sustancias tóxicas,… ¿y si a nuestro auto se le obstruyera el caño de escape? Con seguridad se detendría.

    Se me ocurre un ejemplo:
    Esto pasaba en NYC, dónde la bosta de caballo los estaba tapando dada la concentración de gente y la logística necesaria para alimentarla.

    Por ese motivo, la invención del automóvil y su abaratamiento con Ford, ayudó muchísimo a sanear la ciudad, dándole a su vez a Ford un crecimiento increíble en sus ventas.

    No hay una solución a la vista que resuelva el tema de la bosta. Necesitas un cisne blanco como fué el automóvil para este problema.

    En cuanto a la energía, hay muchos buscando, y aparecen cosas nuevas todos los meses.

    ¿Habrá tiempo suficiente para un punto de inflexión que evite toda ésa Entropía?

    PD.- Lo de la bosta es literal, no tenían donde ponerla, y los estaba tapando.

    Me gusta

Replica a Felipe M. ALONSO Cancelar la respuesta