El Pasado Nos Condena

imagesEn el período 1895-1923 -con epicentro de hostilidades en 1915- se produce el Genocidio Armenio en Turquía. Muere el 50 % de la población armenia –unos 1,5 millones de personas- de la manera más atroz y sanguinaria que mente humana pueda imaginar. Los Armenios (católicos) fueron exterminados por los Turcos (musulmanes) ante la indiferencia de las potencias de la época (Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia) y con la complicidad y participación de la siempre expansionista Alemania.

Por esa misma época, desde 1896 y hasta 1908 unos 8 millones de congoleños murieron a manos del rey de Bélgica, Leopoldo II, que se apropió del Congo Belga a título personal para extraer sus riquezas de caucho y diamantes esclavizando a la mano de obra local. El genocidio de las tribus congoleñas se produjo ante la mirada indiferente de los países Europeos y bajo la política de reparto territorial del continente Africano entre las potencias de la época, esta vez para robarles los recursos naturales con la excusa de civilizarlos.

Muy poco tiempo después, en el mes de Julio de 1912, se publica El Libro Azul sobre el Putumayo, que relatando atrocidades imposibles de imaginar desembocó en la caída del imperio montado por la empresa inglesa Peruvian Amazon Company que -con la complacencia de los países centrales y del gobierno del Perú- se había dedicado durante años a la explotación del caucho del Amazonas utilizando la mano de obra esclava de los indígenas. Al momento de la publicación de El Libro Azul que finalmente detuvo la matanza -más por vergüenza de lo allí relatado que por cuestiones humanitarias- las poblaciones originarias estaban diezmadas y solo quedaban algunos ancianos, mujeres y niños sobreviviendo en comunidades destrozadas por años de barbarie.

Es interesante resaltar que estos eventos sucedieron hace solo cien años y que el modus operandi se repetía en lugares tan distantes como Turquía, el Congo Belga y el Amazonas. También vale notar que las atrocidades las cometían por igual los musulmanes y los cristianos, y que ocurrían con la participación interesada, el conocimiento y el guiño cómplice de los muy refinados países de Europa.

El uso del látigo (con sus variantes, porque el de cuero de hipopótamo resulta más doloroso), el cepo (había uno bien visible en cada plaza de los pueblitos del Amazonas), la mutilación de miembros (orejas, penes, narices, brazos, dedos y cuanta otra cosa sobresaliera de un cuerpo humano), el rapto de mujeres e hijos para evitar fugas o rebeliones, las violaciones, los empalamientos y cuanta otra barbaridad a usted se le ocurra, figuran en los relatos y documentos de la época.

Apenas concluidas las acciones descriptas arriba, entre 1914 y 1918 las potencias europeas se agredieron atrozmente durante la Primera Guerra Mundial, en la que murieron 15 millones de personas de ambos bandos.

Finalmente entre 1939 y 1945 volvieron las hostilidades con la Segunda Guerra Mundial, escenario donde el ser humano perfeccionó los sistemas para agredirse mutuamente produciendo atrocidades como el exterminio de los judíos, la destrucción de las más importantes y bellas ciudades de Europa, los bombardeos a la población civil, y finalmente coronado con el lanzamiento de sendas bombas atómicas que mataron, mutilaron y lisiaron a cientos de miles de personas. Murieron en esta guerra unos 60 millones de seres humanos entre civiles y militares.

Si nos enfocamos en las barbaridades que fue capaz de infligir el ser humano a sus propios congéneres durante los 50 años bajo análisis, vemos que sin distinción de raza, credo, color, ubicación geográfica o nivel de educación, cometió todas las atrocidades del manual de la perversión, y en términos objetivos podemos calificar a este animalito de dos patas como una bestia despiadada, cruel y sádica, que utilizó la tecnología para ensañarse e infligir el más atroz daño posible al enemigo, fuera este militar o civil, estuviera armado hasta los dientes o perteneciera a comunidades débiles e indefensas.

Mis disculpas por la tan vívida descripción de nuestras aptitudes como supremo depredador, pero es necesaria para comprender lo que sigue.

Porque inmediatamente a continuación vinimos nosotros: finalizada la Segunda Guerra Mundial nació casi toda la población que está hoy viva en el Planeta, y comenzó un descomunal –si bien desparejo- desarrollo de nuestra civilización sustentado en una irrestricta disponibilidad de energía barata y en avances tecnológicos sin precedentes.

Si bien es cierto que el mundo Occidental continuó guerreando, el escenario bélico se trasladó lejos del territorio de los países centrales y los ciudadanos no hemos visto ni sufrido las balas y las bombas, salvo que fuéramos militares expresamente enviados a los campos de batalla.

Pero atención: los seres humanos estamos provistos de memoria selectiva y de una mirada de faros cortos, y eso lleva a que los que no hemos sufrido las atrocidades arriba referidas pensamos que tales cosas no pueden volver a suceder porque ahora somos más civilizados. Sin embargo cabe recordar que en el transcurso de estos pocos años no ha habido ninguna modificación ni en la genética ni en la moral de los Homo sapiens, y somos potencialmente tan perversos como antes.

La visión distorsionada de que esta vez todo será distinto se debe a la contención que nos proporcionó un mundo en expansión, brillante, confortable y pletórico de todo lo que necesitamos para sentirnos satisfechos. En medio de la abundancia es fácil organizarse para vivir mejor, disfrutar de las artes, multiplicar el confort, y sacar del ser humano cuanto tiene de creativo y de virtuoso.

Pero parece inevitable que en un futuro cercano vuelvan las restricciones al acceso a las materias primas y el encarecimiento de la energía, y nuestra civilización -a esta altura ya excesivamente compleja- no está preparada para soportar esas restricciones. La Trampa del Lujo (libro No Somos Nada, pag. 170) nos atrapará con toda su fuerza, y con la abstinencia forzosa de los recursos a que nos hemos acostumbrado, se repetirán conductas que los seres humanos suponemos del pasado.

Nuestra obesa civilización necesita decrecer hasta niveles sustentables, y sin embargo la sola mención de esa posibilidad pone al mensajero a predicar en el desierto. Qué difícil es hablar de austeridad en medio de la actual abundancia!,… y cuánto cuesta al ser humano mirar un poco mas lejos!…, no queremos ver que hemos vivido un intervalo maravilloso otorgado por las energías no renovables, pero que esa abundancia efímera no tiene a la vista reemplazo, que hemos crecido en demasía, y que nos hicimos adictos a un nivel de consumo que no podremos sostener por mucho tiempo más.

Pero cuidado…nuestro pasado nos condena…la historia se empecina en recordarnos de lo que fuimos capaces.

6 comentarios sobre “El Pasado Nos Condena

  1. A pesar de que mi educación insistió en hacerme creer que el hombre era bueno por naturaleza, nunca lo creí. Yo creo que el hombre es bueno (en el sentido de respetar las reglas) mientras tenga sus necesidades cubiertas con un esfuerzo razonable cuando esto no se cumple el hombre es el ser mas agresivo de la naturaleza.
    La necesidad de cada uno es cultural, para unos es comer suficiente y estar protegido de la intemperie y para otros es una Ferrari un Yate con amarre en Puerto Banus un departamento en la 5° Avda, algún albergue en la montaña y un Learyet para no tener que moverse con otros humanos inferiores. Evidentemente evitar un nuevo Genocidio masivo va a pasar por cambiar la cultura y adaptarla a la oferta de bienes y servicios que la humanidad y el planeta puedan ofrecer.

    Me gusta

  2. Muy interesante la descripcion de estos hechos historicos.Cuando comenzo en la Alemania Nazi la persecucion abierta de los judios y otras minorias, ningun pais del mundo acepto dar refugio a los perseguidos, diciendo que no era su problema. Recordemos que la poblacion de origen judio en alemania no pasaba el 2% de los habitantes, los marcaron como el enemigo interno cupable de todos sus males y le confiscaron todas sus riquezas. A los grandes capitales judios le permitieron salir a Suiza, asi podrian guardar en ese pais las riquezas mal habidad de los gerarcas de sistema. El Gato

    Me gusta

  3. Muy bueno el «recuerdo». En realidad del buenito de Leopoldo de Bélgica me acuerdo seguido, ya que -según lo alguna vez leído- la palabra «chicote» que tanto usamos por aquí, se refiere justamente al látigo de cuero de hipopótamo que usaban los capataces en el Congo!!!

    Mañana daré una charla n la Reserva Los Chaguares en Coloni Benítez, y eestará centrada en terminar con los desmontes, en atención al factor aumento de temperatura del suelo en el Gran Chaco Americano, como consecuencia de más de 15 Millones de has desmontadas. Sds

    Me gusta

  4. Recomiendo vivamente a quién tenga suficiente estómago, el libro El Sueño del Celta, de Vargas Llosa. Efectivamente allí se comenta que un señor Chicot puede ser el ilustre inventor del chicote, elemento de tortura utilizado hasta el cansancio por todos los H de P que han circulado por nuestro Planeta.

    Me gusta

Replica a Ana María Benites Cancelar la respuesta