Hoy, miércoles 9 de noviembre de 2016, no fue para mi un buen día. Me desperté con la noticia de que Donald Trump es el Presidente electo de los Estados Unidos de Norteamérica para el período 2017-2021.
No era mi intención sentarme a trabajar en mi Blog, pero como he venido pregonando que “la oportunidad de una acción es más importante que la acción misma” no puedo eludir -en mi condición de periodista aficionado- la oportunidad de escribir sobre este importante evento que traerá consecuencias para la temática que me apasiona: el cambio climático y la crisis energética.
El señor Trump ganó las elecciones apelando a la promesa de volver a hacer de los Estados Unidos el tremendo país que fue. Eso incluye retornar los puestos de trabajo exportados a China, cerrar las fronteras para que los inmigrantes no compitan con los locales, tener poca paciencia con el mundo musulmán, agredir a los que amenacen la seguridad nacional, etc.
Numerosos ciudadanos de este país efectivamente están sufriendo el “outsourcing”, que significa fabricar en el extranjero a precios más baratos lo que los americanos solo pueden hacer localmente a valores que los sacan de competencia. Otros están sufriendo las consecuencias de la crisis de 2008 que generó un recesión que aun se siente y que se está maquillando a pura deuda y a puro deterioro del valor de la moneda. Muchos perdieron sus casas, varios sus salarios, otros sus ahorros, la mayoría su jubilación, y se incrementaron los temores en un país que se sentía mas allá de las incertidumbres a que estamos acostumbrados los habitantes del resto del planeta.
Y entonces los norteamericanos sucumbieron al populismo de Trump, a la promesa de volver a ser la América grande que fueron. Trump puso en sus oídos lo que muchos ciudadanos querían escuchar y funcionó, al menos para ganar las elecciones a una candidata Demócrata muy pobre y poco carismática. Sin embargo: “It’s easier said than done” (es más fácil decir que hacer), y muy pronto aprenderán los votantes de Trump que poco de lo prometido sucederá. No es cierto que se pueda volver al pasado, y ya han sucedido demasiadas cosas en el planeta como para ser revertidas. Trump, como todos los populistas de este mundo, miente a sabiendas y vende ilusiones que no podrá cumplir.
Que “nunca segundas partes fueron buenas” ya lo sabía Cervantes cuando escribió la extensión del Quijote. Y Donald Trump promete para el Siglo XXI una extensión –una segunda parte- de la épica vivida por su país durante el siglo anterior y que lo llevó a ser la potencia indiscutida del planeta.
El 22 de Noviembre de 1963 fue un día distinto en mi vida, y por eso lo recuerdo vívidamente. Por la mañana muy temprano había ensillado mi muy bonita yegua ruana de gran alzada, llamada Roma, y partido junto a mi tío -Pablo Longhi Braccaglia- desde la localidad de Del Viso hacia El Cazador, en Escobar. Yo acababa de cumplir catorce años y me embargaba una tremenda emoción porque iba a participar de una cacería del zorro, competencia deportiva inventada por los ingleses y que consiste en realizar un extenuante y pleno de obstáculos recorrido a caballo en donde los competidores deben efectuar todos los saltos y peripecias que realice el jinete denominado “zorro”, que lleva una cola de ese animal adherida al brazo como distintivo. Los jinetes que consigan emular lo realizado por el zorro podrán participar a continuación de la “corrida final”, episodio en donde al grito de “zorro libre” este jinete sale disparado intentando alcanzar una línea de llegada predeterminada antes de que los demás participantes, lanzados a toda velocidad en su persecución, logren arrebatarle la cola de zorro de su brazo. El premio se lo lleva el “zorro” si no lo atrapan, o el jinete que logre arrancársela.
Cabe destacar –para asombro de los más jóvenes- que en ese año de 1963 la ruta Panamericana no existía y que el trayecto entre Del Viso y Escobar estaba ocupado por chacras, caminitos de tierra y arroyitos sin puentes que debían ser vadeados. Es así que se podía ir a caballo hasta el lugar, y luego hacer una extensa “cacería del zorro” sin mayores obstáculos provocados por la civilización. Todo lo que hoy son countries, pueblos y zonas industriales, en aquella época era “puro campo”.
Durante la primera parte de la competencia, en la que el zorro realiza todo tipo de acciones arriesgadas para sacarse de encima por incumplimiento a la mayor cantidad de competidores que lo persiguen, mi yegua Roma venia respondiendo a la perfección. Mi tío Pablo, veterano en esas lides y varias veces Campeón Nacional, iba haciendo una gran tarea con su tostado llamado Piconero. De pronto llegamos a un cuello de botella -una tranquera- y cuando Roma se aprestaba a transponerla a buena velocidad fui interceptado por un soldado montado que me dijo con firmeza que debía cederle el paso al jinete que venía galopando a mi costado porque era el General Juan Carlos Onganía, Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Ese fue mi primer encontronazo con la jerarquía militar, porque a mis jóvenes catorce años no sabía ni quién era el tal Onganía ni porque debía cederle el paso a alguien en medio de una competencia deportiva. Ya se sabe que pocos años después, en Junio de 1966, ese tal Ongania terminaría siendo Presidente de facto de la Argentina luego del derrocamiento de Arturo H. Illia en el episodio llamado Revolución Argentina.
Hasta ahí la anécdota personal, pero lo verdaderamente importante de ese día y que marcaría el futuro del mundo, sucedió minutos más tarde -estando ya todos preparados para la parte final de la competencia- cuando nuevamente un soldado arribó a todo galope y acercándose al general Onganía le comunico que en los Estados Unidos había sido asesinado el Presidente John F. Kennedy en un episodio aún incierto, y que su presencia era requerida con urgencia en la Comandancia. Inmediatamente se dio por terminada la competencia y los participantes balbuceaban y no podían salir de su estupor intentando adivinar las consecuencias que la muerte del Presidente norteamericano podría tener en el futuro.
¿Que tiene todo esto que ver con el triunfo de Donald Trump? Pues deme un poco más de crédito y trato de hilvanarlo:
El año anterior a su muerte, y más precisamente el día 12 de Septiembre de 1962, el Presidente Kennedy había dado un famoso discurso en la Universidad de Rice, en Houston (Texas), donde aseguró que: “…antes de que concluya la década en curso (la de los 60), los norteamericanos pondrán un pie en la Luna…” , y agregó: “…No lo haremos porque sea fácil, sino precisamente porque es muy difícil…”
Ese Presidente carismático, que levantó el orgullo nacional en momentos difíciles, poco después fue asesinado. Vale recordar que por esa misma época los Estados Unidos estaban peleando una guerra imposible y desgastante en Vietnam, que Rusia era una tremenda amenaza con los misiles instalados en Cuba, que acababa de ocurrir el fiasco del desembarco en Bahía de los Cochinos, y que en el plano interno el Dr. Martin Luther King llevaba adelante una fuerte oposición a la guerra y a la segregación étnica, y que pronunciaba el famoso discurso inmortalizado por la frase “…I have a dream…” y obtenía en 1964 el Premio Nobel de la Paz.
Vaya si tenían los Norteamericanos de la década de 1960 motivos para sentirse épicos, la NASA encaraba con enorme empeño y suerte diversa (el Apolo 1 se había incendiado matando a tres astronautas) la carrera espacial que hasta ese momento Rusia lideraba con comodidad, habiendo este país lanzado el Sputnik ya en 1957, puesto el primer hombre y la primer mujer en el espacio, habiendo circunnavegado la Luna por vez primera y habiendo efectuado la primer caminata espacial.
Las bolsas con cadáveres provenientes de Vietnam eran cada vez más numerosas y la resistencia de la juventud local a seguir guerreando se hacía notoriamente más fuerte (Muhammad Alí se niega a ir a la guerra en 1967). Para colmo de males el 4 de Abril de 1968 en Menphis (Tennessee) es asesinado Martin Luther King, y poco después, el 5 de Junio de 1968, ocurre lo propio con el Senador Robert Kennedy.
Con la Guerra Fría en su apogeo la amenaza nuclear no dejaba dormir a nadie y sin embargo, en medio de ese lio, un episodio único e irrepetible hizo vibrar el corazón de los norteamericanos y los señaló hacia delante como la primera potencia de la Tierra:
El 16 de Julio de 1969 un millón de norteamericanos partieron para Florida, se congregaron en las playas de arena cercanas a Cabo Cañaveral, sobre la Ruta US 1, y en cuanto otro rincón pudieron, luego sacaron sus carpas, sus heladeras portátiles, sus mantas y sus larga vistas y se pusieron a mirar al cielo.
Otros hicieron lo propio desde unos tres mil barcos de todo tipo que anclaron en los ríos Banana e Indian, cerca del Cabo. Seis mil invitados especiales, diez y ocho mil periodistas, 30 senadores, 205 Congresistas, 19 Gobernadores y hasta un ex Presidente y su esposa, se prepararon para el evento que vendría. Y en el resto del mundo cientos de millones de personas se sentaron frente al televisor.
¡Eso era épica y orgullo nacional!
Y ese 16 de Julio de 1969 el cohete Saturno –en la misión llamada Apolo 11- partió dejando una impresionante columna de fuego en su cola y llevando en su módulo Columbia a tres astronautas con la misión de bajar en la Luna, ver de qué se trataba, y regresar a la Tierra sanos y salvos. Los astronautas eran Armstrong, Aldrin y Collins, y cuatro días después el primero de ellos puso por primera vez un pie en la superficie de nuestro satélite.
¡La promesa del asesinado Presidente Kennedy se había cumplido poco antes de la fecha estipulada!
A partir de ese momento Estados Unidos fue consolidando su liderazgo en todos los campos: su sistema económico demostró ser mucho más eficiente que el comunismo, manejó el petróleo del mundo, el conocimiento y la inventiva nacían de sus universidades y de sus empresas, desarrolló la infraestructura nacional de manera impecable, logro una calidad en sus productos industriales y una eficiencia en sus procesos que fueron orgullo nacional, y cuando finalmente la Unión Soviética se desintegró luego de la caída del muro de Berlín en 1989 los norteamericanos pudieron sentirse los lideres indiscutidos de este Planeta Tierra.
Esa situación les generó un tremendo orgullo nacional, que fue la base del discurso de campaña de Donald Trump para instalarse en la Casa Blanca con la promesa de un revival.
Pero el mundo es otro, y las nuevas circunstancias pronto demostrarán que las promesas de Trump solo empeorarán las cosas.
A mediados del siglo pasado, cuando Estados Unidos arrancó su carrera hacia la modernidad y el liderazgo, el mundo estaba impoluto y las disponibilidades de materiales y de energía parecían infinitas. La población mundial se triplicó desde entonces, y el Capitalismo en esas condiciones funcionó a la perfección.
Pero el transcurrir del tiempo hasta llegar al maravilloso mundo actual no fue gratis: hoy el planeta está superpoblado, los recursos sobre explotados, la disponibilidad energética próxima a colapsar y la polución ambiental amenaza con destruir la habitabilidad de nuestra casa.
Lo que menos precisa nuestra civilización en peligro es a alguien que ve como solución huir hacia delante, continuar forzando los sistemas, y que descree de la actividad humana como origen del deterioro ambiental.
Imagino que muchos norteamericanos, incluidos lo que votaron a Trump, estarán pensando: “¿y ahora que hacemos?” Lo mismo sucedió recientemente con los ingleses que votaron el “Brexit”. Pero en ambos casos ya es tarde, y solo queda pagar las consecuencias de haber priorizado las emociones por sobre la razón.
Si Donald Trump -que además tiene la mayoría en ambas cámaras- lograra materializar sus promesas, el mundo dentro de cuatro años será peor y las oportunidades de contener el colapso habrán disminuido enormemente. Nuestra civilización no tiene tiempo que perder, y con Trump o sin Trump estamos en serios problemas. Pero con Trump, sin dudas estamos un poco peor.

Estoy de acuerdo, aunque me reservo una cuota importante de Fe a favor de miles o millones de personas que usan su intelecto para encontrar una salida a este colapso energetico que ahora parece un poco mas cercano…
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Los que usan el intelecto para esas cuestiones no son miles de millones, apenas unos cientos. El resto baila al son de la publicidad y los mitos, y solo tienen poder de voto que como vemos se lo roban los populistas. Pero aplaudo tu optimismo!
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My bueno Juan Manuel, da gusto haber compartido el cole con gente como vos.
Impresionado por tu sensatez .
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Gracias Eduardo por tu comentario. Nos vemos un día de estos!
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