Inicio del viaje: tren desde Palm Beach (Fl) hasta Savannha (Ga)

Estoy a bordo del tren Silver Meteor de Amtrak rumbo a Savannha, Georgia, para comenzar mi aventura ciclística.

Si todo sale bien estaré en destino a las 19:30 luego de 9 horas y 48 minutos de viaje desde que me subí en la estación de West Palm Beach a las 9:42.

El tren es muy bueno, con amplios asientos, AC, WiFi gratuito, enchufes para 120 V, coche comedor y vagón para despachar valijas (y mi bicicleta!!!!).

El pasaje personal cuesta $ 67,15 dólares y el de la bicicleta $ 20, total $ 87,15, y me reembolsarán 15 % por ser senior (mayor de 62 años)

Mi asiento sobre la ventanilla me permite ver bosques mayormente de pinos y palmeras, praderas con vacas, y barrios extendidos a la usanza americana (edificios solo en las grandes urbes). También pasamos un feed lot y varias plantas industriales como para indicar que este es un enorme y muy desarrollado país, posiblemente el número uno. Y mucha agua: ríos, canales y lagunas como para recordarnos que Florida es un estado plano, que contiene a los infinitos Everglades, al lago Okechobee (el más grande del país después de los Grandes Lagos) y que buena parte de su superficie está apenas unos metros sobre el nivel del mar, y rodeada por este por tres caras.

Si tuviera que encontrar un parecido con alguna zona de mi país -la Argentina- diría que Florida es similar al Este de la Provincia de Formosa, con campos abiertos y palmares salpicados de bosquecillos y muchos arroyos con monte en galería, lo que se denomina vegetación tipo “parque”.

Es mi intención relatar a mi Blog lo que viva en los próximos días, con el solo propósito de que esta aventura pueda ser usada de experiencia e incentivo para amigos a los que también los está apurando el calendario.

Quiero desmitificar el hecho de que a partir de cierta edad deberíamos buscar vejeces tranquilas, solo cuidando nietos, leyendo mucho, y esperando a la parca reposando en un cómodo sillón con unas pantuflas calentitas. O trabajando, ” …porque sino me aburro…”

Por el contrario, creo que la etapa que enfrentamos -si la tratamos con el debido respeto- puede darnos enormes satisfacciones, vidas plenas y muchas aventuras para relatar a los nietos.

Es cierto que veo pasar por la ventanilla los kilómetros que recorre a gran velocidad el Silver Meteor de Amtrak y siento mucho temor respecto a tener que desandarlos con mi bicicleta a pura fuerza de pedales movidos con músculos de 68 años de edad, en solitario, y con la constante amenaza de que un conductor tipeando textos en su celular me pase por arriba.

¿Es peligroso? Bueno, ciertamente más que lo de las pantuflas, pero me hace recordar un episodio vivido cuando tenía unos treinta años y que viene al caso: estaba esquiando en Portillo (Chile) y había en el hotel un gran revuelo porque trabajaban acondicionando una pista de ski para que un norteamericano intentara batir el record mundial de velocidad, que a la sazón era de algo más de 200 km/hora. Se vivía un estado de incertidumbre y nerviosismo, porque fallar significaría con seguridad un porrazo mortal. Casualmente me tocó bajar con el personaje –alto, rubio, con cola de caballo- en el ascensor, y le hice la pregunta más estúpida que se pueda concebir: “…pero, ¿no es peligroso?”. Y el tipo me contestó con la frase que mi torpeza merecía: “…war is dangerous…” (era la época de Vietnam)

Asumir ciertos riesgos para conseguir un bien superior –llámese una vejez plena- no es una estupidez, …ir a la guerra sí lo es.

De cualquier manera debo confesar que me acuden dudas y temores porque es muy difícil determinar el límite entre lo sensato y lo temerario. Mi familia está preocupada, lo que no me agrada, a pesar de que me apoya en cuanta locura pase por mi cabeza, posiblemente porque sabe que me siento pleno y feliz.

Es mi intención que esta aventura sea la primera de una larga serie, tan larga como me permita la biología, y es por eso que recogeré toda la información que pueda respecto a la manera más sensata de realizarla y la compartiré con el Blog para el aprovechamiento de quién se interese. Incorporaré también ideas y reflexiones no estrictamente deportivas pero que redondeen el concepto de que los “años dorados” pueden ser maravillosos, e incluso ciertas observaciones sobre la realidad del mundo que nos toca vivir.

¿Cómo surge un viaje como este? ¿Qué dispara el mecanismo que nos lleva a ejecutar acciones que están claramente fuera de libreto?

El primer paso es soñar. Todos soñamos porque es un privilegio distintivo del ser humano que pueda proyectar hacia adelante, y eso hacemos a cada momento que cerramos nuestros ojos y pensamos en cosas del porvenir. Los sueños pueden ser dirigidos, incentivados, alimentados, y casi todos implican ideas positivas, proyectos reconfortantes y planes que nos gratifican. Soñamos con familias sanas y funcionales, con negocios prósperos, con caricias espirituales, con éxitos deportivos, con viajes a lugares bellos, y con muchas otras cuestiones que suponemos que el futuro nos proveerá, …incluido un viaje como el que estoy emprendiendo y que requirió de numerosas horas de soñar.

Y cuidado, porque el que no sueña tiene pesadillas.

Pero el sueño es solo el primer paso, y la efectiva ejecución de su contenido es el último. Y en mi modesta experiencia, lo más difícil es cerrar el espacio que media entre el sueño y su concreción.

Entre el sueño y su efectiva concreción habitan los fantasmas, los miedos, las postergaciones, los desánimos, los cuestionamientos, los pros y los contra, las evaluaciones de riesgos y la innata tendencia al statu quo para no perder confort.

El mayor enemigo de los sueños es el “pero” (but). Me gustaría hacer ese viaje…pero; iría por ese trabajo que me gusta… pero; no creo que pase nada malo… pero. Ya lo dice el refrán…siempre hay un pero.

Hay que vencer al “pero” o los sueños no dejarán de ser sueños. Abundarán peros, incertidumbres, piezas faltantes, pero al menos que el pero aluda a una circunstancia temeraria o de riesgo elevado, hay que dejarlo de lado y moverse hacia la concreción de nuestros sueños.

Vencidos los peros, entre el sueño y su realización median pasos intermedios que se llaman planificación. Las cosas no suceden solo porque las deseamos, se deben hacer los deberes para que el camino nos lleve al final deseado con la menor cantidad posible de sobresaltos.

En el caso de mi viaje, y al solo efecto de tomarlo de ejemplo, debí dedicar varias horas a estudiar rutas, localidades, caminos amigables a una bicicleta, sistemas de seguimiento y mapeo, formas de conseguir alojamiento a precios razonables, sistemas de comunicación con los seres queridos, cobertura médica por eventualidades, etc.

Entré a innumerables Blogs de viajeros para escuchar sus experiencias, leí libros de aventureros que vencieron limitaciones y temores en persecución de sus objetivos, aunque estos solo fueran del estilo de sacarse una foto en el lugar al que sus sueños los llevó. Seguí con atención las peripecias de mi amigo Freddy en el camino de Santiago de Compostela, y confieso que él fue el disparador que eliminó los últimos peros de mi agenda.

Una gran preocupación que me acude es la de registrar distancias y tiempos, y luego de varios ensayos descubrí el App MapMyTrack que es maravilloso, amigable, completo, y gratuito! En los próximos días lo verán en acción ya que lo utilizaré para registrar los movimientos de cada etapa de mi biciviaje.

Sin embargo MapMyTrack registra el recorrido a medida que lo realizo, y no me sirve para planificar el paseo del día siguiente y mucho menos para guiarme sin perderme al estilo de los Apps que conocemos para recorrer nuestras ciudades (ya saben, los de la chica que dice … “recalculando”)

Los programas de Google del tipo Google Maps o Google Earth me resultan menos amigables y no hacen lo que yo necesito. Es público y notorio que tienen enormes cualidades, pero no son los apropiados para mi caso porque me llevan por el camino que ellos recomiendan, y no por el que yo quiero recorrer.

La suerte me llevó a descubrir el sitio de East Coast Greenway, que tiene registradas todas las rutas ciclísticas de los Estados Unidos (en realidad se va construyendo con participación de ciclistas asociados, por lo que nunca se terminará), y con ciertos trucos y recovecos poco formales logro poner en mi celular el camino recomendable para ciclistas (que es obviamente distinto al recomendable para automovilistas) en un formato similar al de Google Maps.

Otro de los objetivos que me impuse es el de hacer las cosas simples. No quiero llevar un GPS, ni un velocímetro, ni ningún otro adminículo de la era cibernética. Todo me lo tiene que proveer el teléfono celular, …y lo logré. Hoy se puede saber todo lo necesario durante un viaje con un simple (¿simple?) teléfono celular: mapeo mi recorrido, saco velocidades, distancias, mido mi ritmo cardíaco, mi consumo de calorías, me comunico, reservo hoteles, conozco el clima que me acudirá, pago cuentas y compro productos, Y mil cosa más, algunas tan triviales como saber qué pasa en el mundo.

Y acá una primera reflexión: durante la planificación del viaje -que comenzó en Agosto- fueron surgiendo necesidades: mochilas para la bicicleta, termos, ropa adecuada, luces intermitentes, herramientas específicas, etc. y todo -y me refiero a TODO- lo compré por Amazon con envío a la casa de mi hija Lucía en Palm Beach Gardens. Hasta ahí lo hecho por mí fue un acto reflejo porque no hay nada mas cómodo que comprar en un sitio de internet que me da toda la información técnica del producto que compro (tamaño, peso, colores, capacidades, cualidades, etc.), que me lo muestra desde arriba y desde abajo, que me coloca al píe de la página productos similares, que me deja leer la opinión de los compradores anteriores, que le pone rating por calidad y aceptación, y que tiene registrada en su memoria mi dirección de envío y mis tarjetas de crédito, cuestión que compro desde mi casa en Argentina con un click y sin caminar un metro.

Pero a cada acción le corresponde una reacción, y a esta última la viví con dolor apenas llegué a USA en los primeros días de Octubre: colgué mi bicicleta en el baúl del auto y me dirigí a Bike América –el negocio donde la compré unos años atrás- para hacerle un service previo al viaje y efectuar algunas preguntas…un cartel decía “cerrado por traslado” y el local estaba vacío. No más bicicletería en el barrio!

Luego fui a Gender Outdoors – el enorme negocio de artículos para camping, canotaje, pesca, caza y todo lo demás que pueda hacerse al aire libre-…y había desaparecido. Un local del tamaño de una manzana cerrado para siempre, …y mis preguntas sobre motores para canoas quedaron sin responder.

Y de igual manera ToysRus, la juguetería inmensa donde solíamos comprar regalos para nuestros nietos…cerrada. Y otros muchos pequeños negocios de distintos rubros…cerrando o en vías de hacerlo.

Maldito Amazon, maldito Walmart, maldito mundo corporativo inmenso y acaparador que está destruyendo cosas que extrañaremos, que nos daban de vivir, y que hacían al mundo más humano.

Primera conclusión del capítulo económico de este Boletín: no compre locales para alquilar a comercios porque en los próximos años muchos van a desaparecer. Segunda conclusión: olvídese de ser un pequeño comerciante porque se lo comerá el mundo corporativo. Tercera y última conclusión: vaya viendo que le aconseja a su hijo hacer con su futuro, porque salvo que tenga cara de chip, estará en problemas.

El tren ya pasó Orlando y se dirige raudamente hacia el Norte, el paisaje sigue parecido, con mucho bosque. Nuestra velocidad es superior a la de los autos que circulan por la ruta contigua, por lo que posiblemente sea de 120 km/hora. Hace un rato me comí un sándwich caliente con papas fritas y una coca: 12 dólares.

Es muy diferente el interior rural de Florida de las fulgurantes regiones costeras. Acá veo trabajo duro, rusticidad, viviendas más elementales, menor prolijidad. Estos tipos laburan en serio. Conclusión: si quiere pasarla bien vaya a las orillas de mares y ríos importantes, la gente adora el agua, y paga por verla y meter los pies en ella. Invierta en las costas y no se equivocará, en el interior solo si piensa trabajar duro y ganar poco.

No he visto una sola bicicleta en la ruta contigua a la vía, y la mía es la única en el vagón de cargas, así que me siento medio desubicado. Pero ya estoy tranquilo, porque lo que cuesta es dar el primer paso, o recorrer la primer cuadra pedaleando. Es cuestión de romper la inercia, arrancar, sacarse el miedo, desestimar el último pensamiento de que estás medio chiflado al hacer semejante estupidez a semejante edad. Listo, una vez que se dio el primer paso ya es todo más fácil, no hay retroceso posible.

Acabamos de pasar el St. John River y entrar a Jacksonville, la enorme y última ciudad del Estado antes de pasar a Georgia. Al río St. John lo tengo en la mira porque he leído que es una maravilla para recorrerlo navegando. Es el único río de Estados Unidos que corre de sur a Norte. Forma parte de los sueños, todavía no entró en las etapas de planificación y ejecución, pero pronto lo hará.

Esta noche duermo en Savannha, en el único hotel que he reservado con anticipación. Se llama The Marshall House y cuesta la friolera de 157,53 dólares/noche. Espero que sea el más caro de los que me toque pagar en el viaje. Es caro porque está en el centro de Savannha, en el distrito histórico. Luego acudiré al App denominado Choice, que lista moteles de ruta y hoteles medio pelo. La idea es planificar el día siguiente luego del arribo al hotel a media tarde, así sabré el pronóstico del tiempo, la dirección de los vientos, la calidad de las rutas y el estado de decrepitud de mi cuerpo, y con esa información planificaré la distancia a recorrer y el sitio a alcanzar en la siguiente etapa.

Esta mañana me pesé (91 kg.) y luego pesé el equipaje (10 kg), por lo que voy relativamente liviano (y juraría que la maldita balanza agregó al menos 2 kilos). Llevo solo la ropa necesaria, algunas herramientas, 2 celulares y la computadora. Hay que viajar liviano y comprar por el camino lo faltante. Intentaré dormir en hoteles con desayuno incluido para hacer una comida fuerte en ese momento, almorzaré poco en restaurantes al paso, tomaré café en cuanto Starbucks, Dunkin Donuts o similar que encuentre en la ruta e intentaré estar temprano en el hotel para lavar ropa y descansar. A la noche buscaré un restaurante algo mejor.

Bueno, son las 22:30 y estoy desensillando en el hotel de Savannha, que resultó precioso, bien ubicado, antiguo y con estilo. Buena elección. Apenas bajé del tren recuperé mi bicicleta, la cargué con bolsas y mochilas, y recorrí los 6 y pico de kilómetros que me separaban del hotel (de noche, poca luz, no muy buena idea). Apenas hice el check-in me fui a caminar por el centro y a comer aun oyster bar llamado Sorry Charlie. Me sirvieron una de las mejores hamburguesas que he comido en mi vida, así que thank you Charlie.

Ahora solo me resta mandar este informe, agradecerles por su paciencia, y a continuación me dedico a planificar el día de mañana, que será de pedaleo intenso.

Buenos sueños

3 comentarios sobre “Inicio del viaje: tren desde Palm Beach (Fl) hasta Savannha (Ga)

  1. Bien Juan, seguiré tu viaje desde aquí con mucho interes . Recién arribamos con Angie; lamentablemente no tuvimos tiempo para llamarte y encontrarnos antes de tu partida. Pero no faltará otra oportunidad , abrazo y mucha suerte, detu

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