Segunda Etapa: de Eulonia (Ga) a Brunswick (Ga)

Las cosas no fueron fáciles anoche en el Motel 6 de Eulonia. El vecino de cuarto puso la radio a todo volumen sintonizando un programa en el que un pastor de quién sabe que iglesia arengaba a sus fieles, y no cesó de torturarme hasta esta mañana. No respondía a los golpes en la pared ni a los reclamos del conserje, así que solo pude dormir salteado.

Me levanté temprano y al alba estaba tomando desayuno (solo dos tostadas con manteca y mermelada y un café con leche, ya que decidí aprovechar que la pedaleada me insume unas 2300 calorías diarias para bajar un poco esa panza que me avergüenza). Apenas salió el sol (7:42 horas) estaba pedaleando. A los 2 km me asusté un poco porque comencé a sentir algunos dolorcitos, como que me fuera a acalambrar o que tuviera algún pequeño desgarro. Paré, elongé un rato (yo nunca elongo), y poco a poco todo se fue acomodando a medida que el cuerpo se calentaba.

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Otra vez un día espléndido, soleado, fresco, y con vientos leves del NE, que son favorables (yo viajo de N a S).

La ruta madre que voy siguiendo es la Nro. 17, pero el sitio East Coast Greenway cada vez que hay opciones mejores me las marca para evitar el tráfico donde es intenso y peligroso. Hoy tuve ocasión de circular por dos rutas vecinales muy lindas: la Ridge road y la Harry Driggers blvd que fueron las mejores partes del recorrido: sin tráfico y rodeadas de bosques maravillosos.

Cuando no hay más remedio que circular por la consabida Ruta 17 la cosa es medio temeraria, sobre todo en sectores que no tienen ni un lugarcito para la bicicleta. Por suerte no termino de apreciar la educación de los conductores, que en ningún momento te pasan cerca aunque eso implique que deban frenar cuando un vehículo viene de frente.

Varias cosas llamaron mi atención durante el viaje de hoy: la más notoria es que a cada rato se pasa frente a iglesias con distintos nombres y diferentes credos, lo que indica que los americanos del interior son sumamente religiosos y que aportan fondos para hacer sus iglesias y sotener a esos famosos predicadores que vemos por televisión. No hay comunidad de cuatro o cinco casas que no tenga su templo.

La segunda cosa que noté es que la mayor cantidad de casas es de tipo prefabicada, y en los casos más modestos son motor-homes (de esos que no se mueven, pero que no son más grandes que un colectivo). La gente es modesta, rústica, los patios juntan autos viejos y cachibaches de todo tipo, y en muchos casos el mantenimiento y la prolijidad dejan mucho que desear.

También me sorprendió el silencio, la quietud y la sensación de que no hay nadie en ningún lado. No se ve chicos jugando, ni señoras subiendo al auto para ir de compras, ni gente circulando a pié o haciendo ejercicio. Todo lo que se mueve lo hace en automóvil, no hay bicicletas, ni carros, ni nada parecido.

La ruta 17 sigue, con algunas variantes, a la famosa autopista I 95 que recorre todo el país de Norte a Sur, y no tiene ni un café ni un Mc Donals, ni un hotel, ni una estación de servicio sino  cuando se arrima o cruza a la mencionada autopista. El mundo solo existe en las bajadas de la autopista, y allí hay de todo y todo junto.

Esta zona es de una riqueza histórica notable porque albergó la etapa de los ingleses y sus colonias, los franceses, las plantaciones con sus esclavos, la guerra de secesión, etc. Si bien no soy muy afecto a detenerme cuando estoy viajando, hoy lo hice en la Broadfield Plantation porque me llamó la atención que fuera una plantación de arroz y no de algodón como solemos ver en las películas de la época. La cuestión es que en esta plantación se hacía el mejor arroz de la zona, y el que la regenteaba inicialmente era Mr. Brailsford, casado con María Heyward, y eso no tendría ninguna importancia en mi cuento si no fuera porque María era hermana de Nathaniel Heyward que era el mayor plantador de arroz del vecino Estado de South Carolina. Este buen hombre tenía 15 plantaciones de arroz y más de 2500 esclavos, y eso sí que vale la pena recordarlo, sobre todo para el suscripto que fue arrocero.

Luego de 12 o 13 ciclos anuales dedicado a esa actividad (el arroz), en los que dejé los mejores años de mi vida y que finalmente me dejó impiadosamente despeinado y sin peluca, no quiero ver el arroz ni en la sopa, pero no podía dejar de detenerme un rato y ver como les había ido a los colegas coloniales. Debo decir que la casa era muy linda, con un parque impresionante y con unos robles antiguos más impresionantes aún. El arbolazo que está al costado de la casa tiene 800 años, o sea que dio sombra a los indios, a los colonos, a los esclavos y a los americanos con teléfono celular.

Todos los robles y los cipreses calvos tienen colgando una bromeliácea epífita llamada Spanish Moss, y la jerga popular dice que es el cabello del hombre más malo que existió sobre la tierra, y que su pelo no paraba de crecer y se enredó en los árboles.

Bueno, sigo pedaleando, sino los voy a aburrir con tanto cuentito. Más adelante pasé la ciudad de Brunswick, que también tiene un pasado colonial y que es un importante puerto marítimo, pero que para mí no vale un Potosí. No vi demasiado porque el camino que indicaba el East Coast Greenway no me hizo pasar por el centro de Brunswick sino que me desvió por unos barrios en los que el mismísimo Kunta Kinte se hubiera sentido intimidado.

Y luego vino lo mejor del día: una vez pasado Brunswick retomé la ruta 17, enorme, poblada, intimidante, para hacer el último esfuerzo hasta llegar a la zona del hotel que había reservado. Y de pronto vi a mi frente, inmenso, largo, alto, y con una pendiente imposible, el puente más impresionante que ciclista alguno pueda ver en sus peores pesadillas.

Paré ante semejante visión, saqué unas fotos y me cuestioné seriamente si sería capaz de cruzarlo. Pero claro, no había alternativa ni marcha atrás, asi que me armé de coraje y lo encaré. La bicicleta tiene 24 cambios, tres que se manejan con la mano izquierda y ocho que se lo hace con la derecha. Se combinan las posibilidades para llegar ese número de 24 (3 x 8 = 24). De todos esos los que utilizo a diario son solo 3, y siempre son con la segunda marcha puesta con la mano izquierda: 5, 6 y 7 de la mano derecha. En realidad no sé para que sirven los demás, o no sabía, porque en el puente terminé subiendo en la 2 marcha, que es super lenta pero empuja más.

Hice toda la rampa sin parar, solo mirando al piso para no darme cuenta de lo que faltaba, y al cabo de unos 15 minutos llegué arriba. Confieso que me sentí feliz, vivo, y agradecí a la vida que me haya permitido semejante dosis de adrenalina. En la cima paré a un costadito y saque unas fotos en las que se ve a los barcos chiquititos allá abajo.

Y luego vino la bajada, a puro freno para no pasar a los autos que iban al costado (bue…) o matarme de un golpe. Cuando llegue abajo miré el puente a la distancia y vi lo chiquitos que parecen los barcos. Tremendo puente, si señor.

Los buitres sobrevolaban, pero esta vez no les di el gusto.

Luego un rato más de pedal y llegué al hotel después de 79 km recorridos en el día en 4:32 minutos de pedaleo y 6:05 minutos de actividad total. Parece que consumí 2484 calorías y la velocidad media fue de 17,4 km/hora.

Los gastos del día fueron 5 dólares de desayuno, 3,4 dolares de almuerzo y 5,17 dólares de merienda y 12 de cena. El hotel en que estoy es el Econo Lodge y cuesta 82,28 dólares con desayuno incluido.

Hasta mañana

7 comentarios sobre “Segunda Etapa: de Eulonia (Ga) a Brunswick (Ga)

  1. Buenisimo Juancho!! Sigo atentamente tu viaje. Geniales las fotos y pareciera que me cansara en cada pedaleada con vos, tan vivido haces el relato….sin duda tenes la sencillez de un buen escritor y producis la empatia que lo lleva a uno a esperar ansioso la proxima entrega. Gracias otra vez, te esperamos mañana.

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  2. Grande Juan. Que bueno todo. Felicitaciones. Muy interesante los lugares y que cierto lo que decis de la gente del interior del país. Que puenton! !! Abrazon
    Julio Pestalardo

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  3. Que genio, lindas fotos, lo leemos junto con Felipe y se rieeee… Esperamos ansiosamente el próximo relato, q nos tiene atrapados. Escritor por excelencia . Suerte.

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