Séptima Etapa: de Titusville (Fl) a Vero Beach (Fl)

Hoy fue la jornada más maravillosa que un ciclista pueda soñar: temperatura ideal, día soleado y viento a favor. Si a eso se le agrega estar circulando paralelo a las bellísimas playas de Florida, no se puede pedir nada más.

Pedalee 118 kilómetros a 21,1 km/hora de promedio en 5:35 horas de marcha y 6:58 horas de tiempo total de viaje. Cada vez voy más lejos y más rápido, no tengo idea de cual es el límite porque cuando llego a destino me siento en condiciones de seguir otro poco más. Consumí 4080 calorías en el trayecto, habiendo tomado un desayuno mediano, consumido 3 bananas, y almorzado un sándwich.

Acá los números de la etapa:

http://www.mapmytracks.com/explore/activity/2608067

El cuerpo humano es altamente eficiente en el uso de la energía de los alimentos, y la bicicleta es el medio de transporte más eficiente –valga la redundancia- para movernos de un lado para el otro. Puesto todo junto: no hay nada mejor que el ciclismo para mantenerse saludable y divertirse, porque además la bicicleta es muy amigable con nuestro organismo: no hay impacto contra el suelo, los movimientos son fluidos y el ritmo de marcha es fácilmente regulable a las posibilidades de cada uno.

Un tipo de mi edad (68) no podría sostenerse 5:35 horas haciendo ningún otro deporte, y mucho menos transportarse semejante distancia y a semejante velocidad utilizando solo sus músculos. Termino las etapas sin ningún dolor, y sin siquiera haberme agitado en momento alguno durante el viaje. No voy sufriendo, voy disfrutando, y en los furibundos puentes que me toca enfrentar el secreto es bajar todos los cambios que haga falta para no esforzarse más de la cuenta.

Digo todo esto porque mi intención al relatar este viaje en el Blog es desmitificar el concepto de que a cierta edad muchas cosas deben dejarse de lado, y de paso voltear todos esos “peros” que me afligían al momento de tomar la decisión de partir o de quedarme en casa leyendo el diario.

Haciendo la planificación adecuada y buscando los lugares adecuados, este deporte es un “must». Debemos elegir el trayecto evitando grandes pendientes, buscar rutas amigables a los ciclistas (esta bendita costa de Florida tiene bici sendas de punta a punta), ver el pronóstico del tiempo para esquivar vientos en contra poderosos y días de lluvia, y diría que buscar los países en donde la educación de los conductores ayude. Llevo siete días de marcha y no he tenido ningún episodio o corrido riesgo alguno, no escuché ni un bocinazo, y el auto que me pasó mas cerca lo hizo a mas de un metro y con todas las precauciones del caso.

Uno debe poner lo suyo y respetar las reglas de tránsito, parar en los semáforos, llevar luces destellantes y usar ropa adecuada (que en el caso del ciclismo es horriblemente amarilla o anaranjada).

Dicho esto les cuento que hoy partí de Titusville con idea de llegar al inlet (entrada del mar a la ICW) de Sebastian Beach, donde había detectado un motel económico, pero venía tan relajado que cuando quise acordar me había pasado unos kilómetros del destino programado. Entonces decidí seguir hasta Vero Beach, y de ahí surge haber recorrido tantos kilómetros en una sola jornada. Y terminó siendo una buena decisión, porque Vero Beach es un lugar soñado, con una callecita costera con negocios muy lindos, y sobre todo con una actividad culinaria y social destacada. Fui a cenar a un restaurante sobre el mar –Waldo’s– donde el ambiente era tan relajado que la gente bailaba al compas de una orquesta hasta cuando iba caminando rumbo al baño. Estos tipos saben divertirse, no tienen complejos y son desinhibidos: gordos, flacos, jóvenes o viejos si les pones un buen tema musical ninguno se queda sentado.

Yendo al viaje en sí, en la primera parte circulé sobre la margen Oeste de la ICW, porque del lado Este está el Centro Espacial Kennedy y otros lugares inaccesibles. Toda esa orilla está poblada de casas que enfrentan al agua, y es recorrida por una calle que les da acceso y que es muy bonita para bicicletear. Volví a observar la endeblez de algunos sectores, y a cuestionarme que pasará si el nivel del mar aumenta como consecuencia del calentamiento global. Yo creo que un poco ya se ha elevado, porque no parece razonable que hayan construido la calle al mismo nivel que el agua circundante. En numerosas ocasiones tuve que levantar las piernas porque el líquido había invadido la calle.

Más adelante pasé Cocoa Beach, que es inusitadamente alomado y tiene muy buenas casas, algunas tan lindas que me detuve a fotografiarlas, Miren estas dos bellezas que les pongo abajo, y vean que son tan antiguas que incluso tienen fantasmas en el ático.

Como curiosidad comento que casi todos los cementerios que he cruzado en el camino son del tipo parque, y que me llamó la atención que las tumbas tienen flores. Mi hija me comentó que acá mucha gente va al cementerio, cosa que en nuestro país hacemos solo para las fechas con algún sentido especial. Tantas son las tumbas floridas que me quedó la duda si no existe algún servicio de provisión de flores a los seres queridos mediante algún App de nuestro celular, y es quizás un negocio a estudiar por algún lector ingenioso.

Y después la frutilla del postre: un tremendo puente que me llevaría, ahora si, a la orilla del mar. A partir de allí circulé por la isla de barrera que corre por muchísimos kilómetros hacia el sur, y que es tan angosta que en partes está el océano de un lado de la ruta y la ICW del opuesto.

Y finalmente llegué a Vero Beach y me instalé en el segundo hotel en que me bajé a preguntar disponibilidad y precio, y que dicho sea de paso costaba la mitad que el primero (109,89 dólares). De allí a la cerveza mirando el mar medió apenas una buena ducha.

Hasta mañana

 

5 comentarios sobre “Séptima Etapa: de Titusville (Fl) a Vero Beach (Fl)

  1. Qué bueno Juan, tu travesía es todo un disfrute. Por lo menos para quienes vamos siguiendo de cerca tu pedaleada y no tenernos que cruzar puentes empinados. Tu descripción del entorno es imaginable. Seguí así Juan. Vos transpirá que nosotros disfrutamos, jua, jua.

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  2. Muy bueno Juan. Me alegro que hayas disfrutado tanto. Muy intetesante todo lo que contas. Evidentemente sos un muy buen narrador. Todo se hace fácil con tu pluma. Parabens meu amigo. Hasta siempre y lo mejor

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  3. Que lindas esas casas de antivua madera Juan. Y son unos jodones…. mirá que ponerle el fantasma en la ventana del altillo jaja!
    Me imagino que esos altillos les deben dar visual como los antiguos de Baires para ver el Uruguay en las alturas sobre las barrancas en Belgrano.
    Abrazo, Felipe.
    (Alonso, claro!)

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  4. Te recuerdo que el próximo Domingo se festeja Halloween, festividad pagana que los americanos se toman muy en serio (o mejor dicho muy en broma) y decoran casas y jardines con calaveras y fantasmas. Sin embargo el de la foto es un fantasma en serio, puedo asegurarte querido Felipe.

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