Los Sueños

Se puede detener un ejercito que ataca una ciudad, pero no se puede frenar una idea cuando llega a su tiempo.

Víctor Hugo

 

Soñar es adelantarse al futuro, es modelarlo, desearlo, y hasta vivir ese tiempo anticipadamente. Basta intentarlo con fuerza y convicción para sentir como real esa imagen que tantas veces hemos visualizado al cerrar los ojos.

Lo primero que debemos hacer es atrevernos a soñar, a liberar nuestro espíritu de trabas y complejos e imaginarnos en el lugar deseado realizando esa acción que nos da felicidad. Los sueños necesariamente refieren al futuro y a acciones que por distintos motivos no hemos llevado a cabo aún. Son siempre positivos, emocionantes, épicos y superadores de la realidad cotidiana.

Soñar es maravilloso porque nos habilita a permear limites y a transportarnos mas allá de lo que el pragmatismo indica. Nos hace mejores, más bellos, más hábiles y nos permite sin grandes costos realizar aventuras extraordinarias.

Creo que todos los seres humanos tienen sueños, pero para pasar a la etapa de la realización se los debe moldear, dirigir, y proveer de argumentos para encaminarlos hacia situaciones posibles. Si soñara con navegar entre las galaxias seguramente no pasaré de allí. En cambio si soñara con un viaje terrenal, con ascender a una montaña, con navegar los mares o con pintar un bonito cuadro, probablemente lo logre.

Dele a sus sueños una oportunidad, hágalos simples, realizables!

El siguiente paso es asimilar nuestros sueños a la realidad mundana, y acá es donde cierto pragmatismo es necesario porque el mundo se rige por leyes y principios que no tienen nada que ver con la imaginación. Esas imágenes idílicas que nos han motivado ahora deben adaptarse a nuestras circunstancias.

A esta altura del proceso debemos poner los sueños por escrito, darles forma, y periódicamente revisar nuestras anotaciones para verificar el grado de avance. Eso nos genera compromiso y nos obliga a ser específicos: ya no se trata de “…quiero subir a una montaña…” sino de determinar a cuál de todas, cuándo y cómo. De esta manera el sueño toma la forma de un proyecto concreto, y si no lo abandonamos un día será una acción que nos llenará de satisfacción y orgullo.

Habremos cumplido nuestro sueño!

Este ensayo se trata simplemente de eso: “…toma tu sueño y hazlo realidad…”

Es posible que la pequeña aventura ciclística que estoy realizando a mis 70 años haya comenzado a moldearse mucho antes de ahora, y tiene que ver precisamente con adaptar a mi realidad y posibilidades concretas un sueño mil veces repetido cuando cierro los ojos y me libero de lo cotidiano.

Siempre fui un buen soñador pero un mal memorioso y sin embargo recuerdo con nitidez cuando de niño viajaba imaginariamente con “Bomba, el niño de la selva” por túneles de ríos subterráneos y selvas inexpugnables, y luchaba codo a codo contra enemigos temerarios. Era tal mi grado de compromiso con Bomba y su historia que me despertaba exaltado y sin deseos de retomar la realidad.

Bomba era un niño blanco que vivía en la selva y que partió en búsqueda de sus padres porque desconocía sus orígenes. A cada paso se topaba con lugares intrigantes, víboras aterradoras, ríos plagados de cocodrilos y miles de peligros que se relataron en una secuencia de 20 libros al estilo de “continuará en el próximo”, porque  en el anterior el enigma no se resolvía pero dejaba una ventanita abierta con datos intrigantes que servían para encauzar el siguiente. Las descripciones eran de tal calidad que los lectores casi vivían la aventura en carne propia. Bomba era un aprendizaje inigualable del arte de soñar.

Vino luego Sandokán, del escritor italiano Emilio Salgari, que era un príncipe de Borneo cuya familia había sido eliminada por los británicos que le robaron su reino. Sandokán se transforma entonces en pirata –los Tigres de la Malasia- y desde su base de la isla de Mompracem efectúa toda case de viajes alucinantes con combates épicos que relataba con tal maestría Salgari que uno se sentía enarbolando una espada junto al fiel portugués Yañez.

Vale aclarar que la mía es la versión masculina de los sueños de la infancia, y supongo que las niñas harían lo propio con príncipes azules y castillos, o con historias de hadas y familias maravillosas.

Concluída la infancia los adultos continuamos soñando pero dotamos a nuestros sueños de mayor realismo. Soñamos con mejores trabajos, con formar una familia y con consolidar proyectos, pero no dejamos de tener esa cuota de niños aventureros y también soñamos con playas soleadas, con deportes desafiantes y con actividades que nos sacan de la rutina.

Las urgencias de la vida, en un mundo cada vez más demandante, hacen que muchos de esos sueños deban postergarse, o incluso eliminarse para siempre de la agenda. Es por eso que cuando llegamos a peinar canas comprendemos que lo más importante que podemos comprar en este mundo es nuestro propio tiempo. Tiempo para nosotros, para escribir nuestra lista de prioridades y para tomar decisiones sin los condicionamientos de lo urgente. Y también para cumplir nuestros sueños, aquellos que venimos postergando y que piden a gritos acción y compromiso.

Una gran lección de vida y de cómo administrar el tiempo y los recursos escasos llegó a mi vida por casualidad y en el momento menos propicio:

Allá por el año 2000 estaba visitando a mi hija mayor que estudiaba en la universidad Palm Beach Atlantic en el Estado de  Florida, USA. Intentando distraer mi tiempo me detuve en un negocio de náutica a husmear de que se trataba ese mundo acuático para mi totalmente ajeno y desconocido. Entre anclas, cabos, motores, elementos de pesca y demás cuestiones relacionadas con la actividad había una pequeña mesa con un libro en oferta, muy primitivo, unido con espirales y con más aspecto de apunte que de verdadero libro. Lo hojeé con curiosidad y por algún motivo decidí comprarlo. Ese hecho fortuito produjo en mí una serie de cambios que aún perduran y que signaron mi vida y mis sueños de allí en más.

El libro se llamaba “Cruising Comfortabily On a Budget” (Navegando Confortablemente Dentro de un Presupuesto) y su autor –el Skipper (capitán) Bob- relataba con gracia y en estilo familiar cómo debió convencer a su esposa primero y cómo a renglón seguido se lanzaron a navegar por el resto de sus vidas en un pequeño barco y dentro de un presupuesto acotado por sus ingresos como jubilado del Correo.

El Skipper Bob y su First Mate (primer oficial) Elaine navegaron 40.000 millas durante 9 años y vuelcan en el libro sus motivaciones, sus experiencias y sus consejos dirigidos a personas que se atrevan a emprender un camino de aventuras semejante.

Leí el libro con entusiasmo y me juramenté a que llegado el momento haría algo por el estilo. Aventuras, libertad, viajes, naturaleza…son cosas por las que vale la pena vivir… y eventualmente también morir!

Skipper Bob y Elaine me regalaron argumentos para soñar los siguientes años de mi vida.

Luego sobrevinieron momentos duros para mi país –la Argentina- y para mi economía familiar, por lo que el libro y los viajes que inspiraba pasaron a un segundo plano y eventualmente se quemaron en la hoguera de la vida.

Quince largos años más tarde -y luego de duras batallas que me permitieron dar por superada la crisis- retornó a mi memoria el libro del Skipper Bob, y lo visualizaba como si hubiera permanecido en la mesa de luz todos esos años. Ansiosamente lo busqué en Google y para mi satisfacción seguía a la venta. Sin dudarlo lo compré por Amazon y me lo enviaron a mi domicilio.

Nuevamente los sueños, los planes y las consultas con la familia. La punta del ovillo estaba entre mis dedos y solo faltaba tironear.

Compré y leí media docena de obras similares escritas por otras parejas que alcanzado el momento de dejar la vida activa decidieron abandonar el confort de sus hogares, comprar un barco y lanzarse a navegar y disfrutar de los años de retiro.

Cabe acotar que la navegación que iniciaban estos aventureros -en general personas mayores y con poca o ninguna experiencia náutica- la realizaban en las aguas protegidas de los Estados Unidos, recorriendo lo que se da en llamar el Great Loop (el Gran Rulo).

El Gran Rulo consiste en un circuito de aguas interiores al territorio norteamericano que totaliza unas 6000 millas (10000 km) y que brinda una navegación protegida y segura, ya que solo en un par de oportunidades se sale a mar abierto y por períodos breves.

Partiendo de Miami (por ejemplo, porque se puede zarpar en cualquier punto) se navega paralelo a la costa atlántica por un canal interior denominado Intrercoastal Waterway hasta llegar a la ciudad de New York, desde allí se remonta el río Hudson hasta Albany en donde se toma el Erie Canal (canal hecho por la mano del hombre) hasta desembocar en los Grandes Lagos en el limite con Canadá . Atravesados estos se arriba a la ciudad de Chicago, se toma el rio Illinois y luego el Mississippi hasta desembocar en Nueva Orleans, en el Golfo de México. Desde allí se navega por aguas del Golfo de México hasta llegar a Key West (el cayo –islote- mas austral de la secuencia que comienza en Miami) desde donde se vira con rumbo Norte hasta retornar al punto de origen dando por cerrado el círculo (Loop).

Esta navegación suele hacerse a lo largo de un año calendario y siguiendo las estaciones. En verano se navega por la región Norte (fría)y en invierno por el Sur y el Caribe. Puede incluir diversas variantes a gusto de los navegantes, incluyendo visitas a las islas Bahamas, paseos por ríos interiores, como también extensiones por el vecino país del Canadá.

El proyecto me entusiasmaba y dediqué mucho tiempo a encontrar el barco ideal, estudiar rudimentos de náutica, leer cartas de navegación y manejar complicados instrumentos. A la larga comprendí que excedía mis posibilidades porque este tipo de navegación requiere de al menos dos personas, y mi First Mate puso bien en claro que me acompañaría solo en ciertos períodos pero de ninguna manera un año entero. Varios amigos podían hacerlo durante 15 ó 20 días, pero era imposible completar de esa manera el calendario de un año requerido por el loop.

Descartada la náutica analicé brevemente la variante de viajar en un Motor home (casa rodante), pero lo eliminé muy ligero al imaginarme manejando por una ruta congestionada de tráfico en un aparato de 6 ó 7 toneladas de peso para llegar a la noche a un camping donde bajaría mi silla y entablaría una conversación con un vecino situado a 3 metros de distancia en su propia nave terrícola.

No es lo mío! Descartado!

Me iba quedando sin opciones, aunque mi espíritu me instaba seguir buscando.

Y así surgió la idea de la bicicleta, que para mi sorpresa es bastante más popular de lo que parece y tiene adeptos en todo el mundo, amén de una organización aceitada. Y se puede hacer en solitario, sin depender de nada ni nadie!

Compré una Cannondale Quick, un aparato de mediano precio pero de muy buena calidad y performance, y comencé a hacer paseos cada vez más largos. Al principio me iba a la playa (25 km) y a recorrer parques y barrios cercanos.

Al tiempo me atreví a equiparla para viajes y arranqué mi primer odisea, que si bien fue modesta a mis ojos era todo un desafío. Me fui de Palm Beach Gardens hasta St. Augustine en un viaje de 5 días y cubriendo 400 km.

Más adelante realicé un paseo desde Palm Beach Gardens hasta Key Biscayne en dos jornadas pedaleando 180 km.

Habiendo ya perdido el miedo, el año 2017 encaré un recorrido mayor: de Savannha (GA) a Palm Beach Gardens (FL) cubriendo 900 km en 8 días. Fue una experiencia maravillosa y posiblemente la que me pasó a la categoría de adicto.

 Y me quedé con ganas de más, de mucho más, por lo que a partir de mi regreso no hice otra cosa que profundizar mis conocimientos de todo lo que hace a viajes de larga distancia. Atendí infinitos videos de Youtube y recorrí todos los sitios web y blogs de viajeros que logré encontrar. Hay todo un mundo de ciclo viajeros, y numerosos personajes han recorrido miles de kilómetros en las más diversas condiciones: siendo jóvenes, viejos, con presupuesto, a la gorra, solos, en familia o con amigos. Todos los relatos son optimistas, y la gente que ha tomado la costumbre de viajar por el mundo de esta edificante manera manifiesta sentirse feliz y deseosa de continuar haciéndolo.

Es así que el año 2018 pensé en levantar la vara y probar con un viaje en serio, uno que me sacara de la categoría de principiante y me colocara en la de los que tienen algo que relatar a los nietos y provocar un uuuh!.

Compré una e-bike marca Juiced modelo Cross Current S, subí a un avión y me fui a Buffalo (NY), pueblo vecino al lago Erie y las cataratas del Niágara. Tomé por el borde del Erie Canal hasta Albany, y de allí por las márgenes del rio Hudson hasta la ciudad de Nueva York. Continué a Filadelfia, Baltimore, Washington, Virginia, los Outer Banks, Wilmington, Charleston, y finalmente recorrí la bellísima costa del estado de Florida desde su inicio en Amelia Island hasta el punto mas austral de los Estados Unidos en Key West.

Recorrí en esa oportunidad 4968 km en bicicleta y 231 km en ferry que totalizaron 5199 km en 53 días. El promedio fue de 98 km/día.

Tenia 69 años de edad. Todo salió bien, nunca me dolió nada y no tuve más inconvenientes que los razonables estando 8 horas diarias pedaleando en solitario y a la intemperie. Éxito total, sueño cumplido con creces!

Hoy 26 de Septiembre de 2019 y ya con 70 años, estoy sentado en un camarote del tren Amtrak llamado Silver Meteor y que me promete depositarme en Washington DC en 21 horas y 20 minutos de ajetreo.

Llegado a destino comienza la primera etapa de mi nuevo viaje, que relataré a medida que deje kilómetros a retaguardia.

8 comentarios sobre “Los Sueños

  1. Comparto tanto tu capacidad de soñar! Leíamos los mismos libros de chico y me hiciste sonreír de felicidad recordando esas famosa aventuras de Bomba y Sandokan!!! Que aventuras!

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    1. Espectacular papá! Sos un gran escritos y tengo la suerte de que me hayas enseñado a soñar!!! Soy una soñadora incansable que no sabe como logra muchos de ellos. Te quiero hasta el infinito y te deseo lo mejor

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